Al entrar en el año 2026, expresamos nuestra inquebrantable solidaridad feminista con el pueblo venezolano. La acción violenta de Estados Unidos en territorio venezolano constituye una violación inexcusable y grave de la soberanía, la autodeterminación y el derecho internacional, con consecuencias trascendentales y peligrosas a nivel regional y global. En tiempos de violencia militar, inestabilidad política y caos social, las mujeres, las niñas y las personas de género diverso enfrentan mayores riesgos de violencia y discriminación transversales.
Como feministas, sabemos que la transformación política es un proyecto de toda la vida. Rechazamos las fantasías patriarcales y militaristas de "soluciones rápidas" que, en última instancia, reproducen la violencia, el despojo y la injusticia. En resumen, el imperialismo nunca puede ser una fuerza de liberación.
Afirmamos nuestro apoyo a las personas, en Venezuela y en todo el mundo, que continúan soñando, construyendo y haciendo realidad visiones feministas de justicia para todas las personas en sus países, a pesar de las amenazas de violencia, represión y despojo.
AWID reúne a más de 9.000 miembres de más de 180 países en un compromiso compartido con la liberación de nuestras vidas, cuerpos, territorios y países, de la violencia, la colonización, el imperialismo y la represión. Estamos decidides a trascender las fronteras que nos dividen y a apoyarnos mutuamente con cuidado y valentía. En nuestro trabajo diario, esto significa apoyar comunidades de solidaridad transnacional, convocar a personas y movimientos a través de las fronteras, apoyar a nuestras organizaciones con cuidado, contrarrestar las narrativas opresivas, abogar por los recursos financieros y de otro tipo que los movimientos necesitan y merecen, aprender unes de otres e inspirar la acción.
Extendemos nuestra solidaridad a todos los pueblos de Abya Yala (también conocido como las «Américas») y denunciamos la invasión de sus territorios y el saqueo de sus recursos. La actual agresión contra Venezuela debe entenderse en el marco de una larga historia de doctrinas y prácticas diseñadas para sabotear la soberanía y la democracia de los pueblos en América Latina y el Caribe al servicio de los intereses estadounidenses.
Esto nos concierne a todes, en todo el mundo. Es evidente que hoy debemos resistir un orden mundial basado en la fuerza bruta desenfrenada, la codicia desmedida y la destrucción de la vida humana.
No nos queda otra opción que seguir construyendo las bases de un mundo justo, basado en la descolonización, el respeto a la naturaleza y el reconocimiento de nuestra existencia comunitaria y la dignidad humana.