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Las economías feministas que sostienen la vida

Existe un mito en mi familia según el cual las primeras palabras que balbuceé fueron «no es justo». Como no es de extrañar, décadas más tarde me dedico a combatir los sistemas de opresión y a construir alternativas a estos.

Soy la segunda generación de migrantes de la antigua Yugoslavia, un país socialista que se erigió sobre las bases de un estado de bienestar y una autogestión obrera sólidos, en el que la clase trabajadora decidía de forma colectiva sobre la producción, la administración y el uso de los beneficios para el bien común. Aunque el imperialismo occidental se encargó de desmantelar a Yugoslavia y sustituirla por economías neoliberales, todavía llevo conmigo su legado de cooperativismo, solidaridad y cuidados colectivos (en gran medida, gracias a haber crecido en una familia nostálgica de la antigua Yugoslavia)!

También me enorgullece ser descendiente de dos figuras antifascistas muy prominentes que se unieron a la resistencia comunista contra las fuerzas del Eje y sobrevivieron a los campos de concentración. El periodista Edin Smailović escribió sobre mi abuelo que, a pesar de «haber vivido un auténtico infierno», siempre mantuvo la fe en la igualdad, la justicia social y la posibilidad de un mundo mejor.1

¿Cómo podría yo entonces creer en otra cosa?

Como persona queer y trans no binaria, también comprendo la existencia en sí misma como una forma alternativa de crear el mundo. Lo queer y lo trans - basados en el anticapitalismo, el antifascismo, el antirracismo, el transfeminismo y la justicia para las personas con discapacidad - van mucho más allá de la mera resistencia: son la vivencia de las realidades alternativas que encarnamos cada día.

Mi incursión en las alternativas se intensificó en 2017 durante las movilizaciones contra la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Argentina. En la Cumbre de los Pueblos, encontré iniciativas como las de agroecología, soberanía alimentaria, soberanía de las semillas o los comunes, no como teorías, sino como modelos concretos. Como activista joven que recién me había graduado en estudios críticos del desarrollo, presenciar estas alternativas sobre las que apenas había leído, conocer a quienes llevan todo esto a la práctica fue fascinante. A la vez, los muros físicos que separaban los foros eran el reflejo de la fragmentación que a menudo caracteriza a estas luchas. Fue así que me obsesioné (un poco) con la pregunta acerca de cómo conectar estas alternativas en teoría y práctica.

Poco después, comencé mi doctorado “Hacia un Pluriverso de Alternativas Sistémicas”2 (afortunadamente ya finalizado) y uní mis fuerzas con activistas e intelectuales para imaginar, construir y lanzar un proceso en 2019 que se conoció como el Tejido Global de Alternativas, una red de redes de alternativas.3 En ese mismo año, AWID me contactó para formar parte de un grupo de trabajo sobre realidades económicas feministas. La palabra “realidades” me pareció perfecta: no eran utopías lejanas, sino prácticas que ya se llevaban adelante aquí y ahora. Fue así que tuve el placer de sumarme al equipo de AWID Equipo de Construcción de Economías Feministas en 2021.

Ya sea mediante el mundo académico, el sector sin fines de lucro, los procesos de organización transnacionales y locales, ha habido (y afortunadamente todavía hay) una cantidad incalculable de conversaciones, debates, ideas, acerca de en qué consiste y en qué no consiste una alternativa económica. 

Después de diez años, es aquí donde vine a aterrizar.

A menudo hablamos de “la economía” en singular, pero en realidad existen numerosas economías que determinan cómo vivimos, trabajamos, cuidamos y nos relacionamos con la gente y el planeta. Hoy, la mayoría opera dentro del capitalismo neoliberal, un sistema construido sobre la base del crecimiento, la privatización, la extracción y la explotación sin fin. La riqueza y el poder se concentran en manos de muy pocas personas, mientras los gobiernos sostienen de forma activa la desigualdad mediante políticas de austeridad, la desregulación y los recortes a los servicios públicos. 

A la vez, las comunidades en todas partes construyen alternativas fundadas en el cuidado, la solidaridad, la justicia y la sostenibilidad ecológica. Las alternativas de las economías feministas son especialmente potentes debido a que ponen al descubierto la interrelación del capitalismo con el patriarcado, el colonialismo, el racismo y la destrucción del medio ambiente, a la vez que crean formas prácticas de organizarse de otro modo. Y todo aquello definido como «verde» o «inclusivo» no necesariamente constituye una alternativa. Las soluciones falsas como el crecimiento verde dejan intactas las causas fundamentales de la explotación, al tiempo que permiten que las corporaciones y las élites ganen más dinero mientras aparentan ser progresistas. 

En cambio, las alternativas económicas feministas ponen la vida por encima del lucro. Aspiran al bienestar colectivo, la autonomía, la democracia, el cuidado y las relaciones de reciprocidad con la naturaleza. Y estas alternativas ya están presentes a nuestro alrededor: feministas que toman el control de fábricas textiles en Argentina para evitar su cierre; cooperativas queer en República Dominicana que ofrecen a las personas queer oportunidades de empleo y acceso a servicios financieros esenciales; sindicatos feministas en España que organizan a mujeres migrantes que trabajan como personal de limpieza para que mejoren sus condiciones laborales; redes interconectadas de alternativas de base en India que abarcan todos los sectores de la economía; iniciativas feministas agroecológicas en México que resisten al monocultivo y el extractivismo a la vez que reforestan la tierra y salvaguardan los conocimientos indígenas mayas; redes de mujeres que practican la soberanía alimentaria y de las semillas en África occidental; un banco cooperativo que dirigen y está destinado a personas trabajadoras sexuales en India y que les otorga préstamos y demás servicios financieros a los que normalmente no acceden; círculos feministas de donaciones y economías de la generosidad como las iniciativas de ahorro y crédito comunitarias en África oriental; centros de salud transgénero en los Países Bajos; aldeas ecofeministas en Moldavia en las que se lleva una vida más sostenible, y demás comunidades intencionales, entre muchas otras.4

Estas alternativas no son entidades monolíticas perfectas y debemos evitar romantizarlas o idealizarlas: son complejas, paradójicas y están llenas de contradicciones, precisamente porque surgen del interior de este sistema opresivo (aunque funcionen por fuera). Asimismo, son muy específicas al contexto, están muy ligadas a sus respectivos lugares y dependen de las realidades locales. 

Entonces, ¿cómo podemos convertir las alternativas económicas feministas en una fuerza potente capaz de poner en jaque y transformar el sistema? Es en este punto en el que podemos recurrir al marco político del pluriverso como una vía posible para avanzar. Inspirado en la visión zapatista de «un mundo en el que quepan muchos mundos», rechaza la idea de que el cambio debe provenir de un único modelo, institución o solución verticalista. En cambio, hace un llamado a un mundo construido mediante la interconexión de las luchas, las economías de base, el cuidado colectivo y la autonomía de las comunidades. Una política feminista pluriversal tiene que ver con articular en conjunto y ampliar las alternativas que ya están en marcha. No se trata de fusionarlas en un modelo unificado, sino de reforzar las conexiones entre estas y de crear redes de sistemas alternativos desde abajo, capaces de desafiar de manera efectiva el sistema de opresión imperante. Las alternativas económicas feministas no necesitan “escalar” hasta integrarse al sistema dominante para ser creíbles.

Por el contrario, el pluriverso puede enseñarnos acerca del poder de ramificación: una expansión mediante la solidaridad, las conexiones horizontales y la organización colectiva (pensemos por ejemplo en las redes subterráneas de micorrizas que en los bosques conectan a las plantas entre sí). A medida que la crisis sistémica se agudiza, estas alternativas y redes de alternativas son más importantes que nunca. No van a sustituir al sistema imperante de la noche a la mañana, pero sí ayudan a las comunidades a sobrevivir y resistir todos los días, y son el pilar de ese mundo más justo, equitativo y sostenible que necesitamos.

En otras palabras, otro mundo no solo es posible, ya lo tenemos aquí. Y debemos persistir en invertir el tiempo, la energía, el dinero y demás recursos en apoyo de las economías que sostienen la vida.


1. Smailović, Edin. 2022. "Antifašista Muhamed Musić – čovjek koji je preživio Dachau [Antifascist Muhamed Musić - a Man who Survived Dachau]" Al Jazeera, 07 May 2022. https://balkans.aljazeera.net/blogs/2022/5/7/antifasista-muhamed-mule-music-covjek-koji-je-prezivio-dachau

2.  https://ddd.uab.cat/pub/tesis/2024/hdl_10803_690702/mamu1de1.pdf 

3. https://greattransition.org/gti-forum/global-tapestry-kothari-bajpai/#endnote_5

4.  https://www.awid.org/feminist-economies-we-love

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Análisis
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