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Un futuro feminista significa solidaridad con lxs trabajadorxs

Rita Nketiah

La rendición de cuentas por parte de las corporaciones es una cuestión feminista.

Ivy Josiah (activista feminista malaya e integrante del Asia-Pacific Forum on Women, Law and Development [Foro de Asia y el Pacífico sobre Mujeres, Derecho y Desarrollo] APWLD), Nazma Akhtar, (Awaj, Bangladés), Daisy Arago (Centre for Trade Union and Human Rights [Centro para la actividad sindical y los derechos humanos], Filipinas) y Kate Lappin (coordinadora regional de APWLD, Tailandia) relacionaron entre sí la explotación capitalista, la rendición de cuentas corporativa y el activismo del movimiento obrero, en el Foro Internacional de AWID celebrado este año en Bahía, Brasil.

El debate se abrió con una breve descripción de los problemas actuales que enfrentan las mujeres trabajadoras de todo el mundo. La activista feminista Daisy Arago describió cómo las corporaciones multinacionales logran eludir su responsabilidad por sus violaciones a los derechos humanos y sus prácticas laborales de explotación. El creciente poder de las corporaciones se manifiesta en un contexto de escasa regulación de los negocios internacionales donde las corporaciones multinacionales pocas veces deben asumir responsabilidades frente a leyes locales o nacionales, ni tampoco por las consecuencias ambientales de sus actividades.

La explotación del trabajo de las mujeres

Daisy Arago subrayó en particular el hecho de que las corporaciones siguen operando sobre la base de la explotación de los pueblos del tercer mundo y especialmente de las mujeres. En la actualidad, las mujeres representan el 75% de la mano de obra de las zonas económicas especiales (conocidas también como zonas francas industriales) en actividades como la indumentaria y los servicios. Estas mujeres, en su mayoría del Sur Global, tienden a ser las más explotadas de sus sociedades. Pese a la abultada presencia de las mujeres en estas industrias, los sindicatos casi nunca están presentes en ellas y a menudo les han fallado a las mujeres a la hora de luchar por sus derechos como trabajadoras. Estas mujeres raras veces gozan de plenos beneficios laborales, muchas veces no tienen beneficio alguno, y tienden a trabajar durante largas horas en condiciones calamitosas.

Las trabajadoras también enfrentan acoso sexual dentro y fuera del lugar de trabajo y de las zonas francas. Ellas ponen sus cuerpos y su tiempo para trabajar y la respuesta que reciben es la violencia física y económica a manos de sus empleadores y de otros cuerpos masculinos en sus entornos laborales. Teniendo en cuenta la falta de apoyo de los sindicatos, dominados por los hombres, que se suma a las actitudes opresivas del empresariado, Daisy Arago remarcó la importancia de que las trabajadoras se organicen para defender sus derechos. 

Las corporaciones eluden las políticas y la legislación estatales

Nazma Akhtar, organizadora y defensora oriunda de Bangladés que comenzó a trabajar como operaria textil a los 12 años, se refirió al sistema de las cadenas mundiales de suministro, a las que Asia aporta el 80% de la producción con la ayuda del trabajo barato realizado por mujeres, niñas y niños. Sostuvo que la fuerte presencia de una cultura corporativa (la mayoría de quienes integran el Parlamento de Bangladés tienen alguna vinculación con el empresariado o directamente son empresarixs) a menudo crea un entorno de trabajo inseguro para las mujeres, las niñas y los niños. En algunos casos, el poder financiero de las empresas multinacionales supera ampliamente al producto interno bruto de las naciones, lo que hace difícil para los gobiernos locales enfrentarse a las corporaciones multinacionales o exigirles que rindan cuentas. Por ejemplo, en 2013, más de 1000 trabajadorxs resultaron muertxs en Rana Plaza, Bangladés. No obstante, las corporaciones multinacionales eludieron su culpabilidad y todavía no se ha sancionado a los propietarios locales ni al funcionariado público que declaró seguro el edificio. Las trabajadoras generalmente son puestas en una 'lista negra' por protestar, lo que les dificulta la tarea al momento de exigir justicia.

Por último, Nazma Akhtar manifestó que muchos gobiernos del Sur Global están implicados en la explotación de las mujeres trabajadoras. Con pasión instó a los gobiernos a proteger de manera activa la libertad de asociación de las mujeres en lugar de dedicarse a pronunciar discursos políticos vacíos en favor de las mujeres. Ellas son la columna vertebral de la economía global y poseen el poder para transformar las prácticas laborales a través de su movilización.

Una historia prolongada de abuso corporativo

La coordinadora regional de APWLD-Tailandia, Kate Lappin, ofreció un útil y exhaustivo repaso histórico de cómo las corporaciones se han convertido en entidades con más poder que los gobiernos y la legislación internacional de derechos humanos. Sostuvo que hemos salido de un sistema que suponíamos justo en cuanto a exigir rendición de cuentas a las corporaciones para entrar en una «arquitectura» que permite a las corporaciones transformar sus estructuras y tercerizar sus responsabilidades legales. La subcontratación de producción a cargo de terceros se da primordialmente a través de las cadenas de suministro, en las que los actores no deben rendir cuentas por las condiciones de salud y seguridad ocupacionales que llevan a que un edificio se derrumbe o que la gente sea explotada, por ejemplo.

Nazma Akhtar también hizo hincapié en el diseño deliberado de las culturas corporativas y los sistemas jurídicos que permiten la persistencia de este tipo de explotación. Pese a que tienen la obligación de contribuir al desarrollo a través de los impuestos, las corporaciones han logrado utilizar un abanico de sistemas globales para evitar pagarlos (por ejemplo, los «paraísos fiscales»). Otro desafío asociado a la rendición de cuentas de las corporaciones es que la mayor parte del comercio global ocurre en el seno de las corporaciones y entre ellas bajo la forma de acuerdos secretos para los que rara vez se exige o se busca la consulta pública. Las corporaciones en general sobornan a los gobiernos locales para que cierren los ojos ante la explotación.

Por otra parte, las asociaciones público-privadas a menudo terminan en el endeudamiento de los gobiernos con las grandes corporaciones, lo que luego complica aún más la posibilidad de que les exijan rendir cuentas. El viraje hacia la deuda corporativa en desmedro de las economías basadas en el Estado significa que la ciudadanía en general pierde a sus gobiernos a manos del enriquecido mundo empresarial. Kate Lappin sostiene que este endeudamiento para alimentar las arcas de las multinacionales constituye una pérdida importante en cuanto a estructuras democráticas que puedan proteger a la ciudadanía y la población trabajadora.

En la actualidad, unas 62 personas poseen más riqueza que el 50% de la población mundial. Kate Lappin explicó de qué manera esa riqueza la acumularon a través de prácticas y estrategias comerciales repulsivas pensadas para debilitar las economías gestionadas por el Estado. Un ejemplo de ello es el Memorando Powell encomendado por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos a modo de respuesta y de defensa frente al auge del estado de bienestar que se había consolidado en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. El Memorando describía en detalle una estrategia deliberada para permitir que el sector empresarial volviera a apoderarse de los recursos y procesos democráticos. Proponía una forma de reconfigurar las instituciones universitarias y el relato global de la economía, captar los medios de comunicación y reestructurar los instrumentos financieros a los efectos de adquirir capital. Estas estrategias generaron el apoyo necesario para que pudieran firmarse los acuerdos de comercio que tuvieron efectos catastróficos para la gente de a pie que no participó de las ganancias mundiales.

Kate Lappin también explicó cómo la solución de controversias entre inversionistas y Estados — un procedimiento creado en la etapa de descolonización posguerra — procuró proteger a los inversionistas frente a los gobiernos y ha contribuido a generar un ambiente de negocios global que no tiene obligación de rendir cuentas. La cláusula de la solución de controversias entre inversionistas y Estados, originalmente denominada la «Carta Magna de los Inversionistas» por sus redactores, incluido el Deutsche Bank, se convirtió en un elemento básico de la mayoría de los acuerdos comerciales globales y les permitió a las empresas olbigar a los gobiernos a implementar políticas neoliberales. Leyes estatales como las que regulaban el salario mínimo, decretaban una suba de impuestos o exigían el suministro de agua han sido impugnadas con éxito mediante acciones legales interpuestas por las corporaciones que adujeron pérdidas de ganancias atribuibles a la aplicación de estas leyes. Kate Lappin señaló que esta cláusula muchas veces les permitió a las corporaciones demandar a los Estados cuando aprobaban leyes, regulaciones o políticas que a su juicio perjudicarían sus ganancias. El proceso de solución de controversias funciona como un tribunal secreto donde participan representantes legales de las empresas y en el cual el estado de derecho generalmente no rige. Este proceso de arbitraje con frecuencia toma partido por las grandes corporaciones y en ocasiones impone indemnizaciones que ascienden a miles de millones de dólares.

Lamentablemente, la mayoría de los medios de comunicación no ha sacado a la luz estas violaciones. En el momento de preguntas y respuestas de la sesión, una integrante del público preguntó sobre el rol de los medios en cuanto a poner de relieve las dificultades que enfrentan lxs trabajadorxs de menor calificación en las zonas francas. Lxs panelistas manifestaron que las empresas de medios de comunicación en general tenían una actitud ambivalente respecto de la violencia que experimentan lxs trabajadorxs. Por ejemplo, la influencia que ejercen los amigos de los gobiernos sobre estas empresas implica que a menudo el respaldo financiero que les brindan les impide informar con objetividad sobre los abusos cometidos contra los derechos humanos por parte de las corporaciones multinacionales.

Soluciones

Naturalmente, el público sintió curiosidad por conocer las posibles soluciones ante la falta de rendición de cuentas y la flagrante explotación por parte de las corporaciones. Lxs panelistas hablaron de la importancia de los procesos de organización de base y de los sindicatos a la hora de ejercer acciones de defensa en nombre de lxs trabajadorxs sometidxs a explotación. Nazma Akhtar hizo hincapié en la necesidad de que los sindicatos dominados por hombres permitan expresarse a las mujeres, mientras que Kate Lappin sostuvo que nuestras respuestas deberían ser pensadas entre todos los movimientos y sectores.

Otras soluciones sugeridas por las panelistas fueron las siguientes:

  • La necesidad de construir movimientos que representen a todo el arco de preocupaciones y temáticas políticas para confrontar y transformar al poder. Crear un instrumento de carácter vinculante que regule al poder corporativo transnacional.
  • Prestar atención a los movimientos de consumidorxs, que pueden ser influyentes a nivel nacional.
  • Los gobiernos no ven en el movimiento feminista a un aliado natural, por ello debemos abrir puertas y establecer conexiones.
  • Exigir estudios para determinar los impactos de todos los acuerdos comerciales en materia de derechos humanos y de género.
  • Reformular los acuerdos de comercio alternativos hacia un grado mayor de corresponsabilidad.
  • Responsabilidad de lxs consumidorxs: más del 70% de lxs consumidorxs están tomando en cuenta el precio y la calidad.
  • Huelga o movimiento global.
  • Justicia redistributiva

En última instancia, la rendición de cuentas corporativa, la explotación laboral y el deterioro de nuestro ecosistema por parte de las empresas multinacionales son cuestiones de enorme importancia que en la actualidad definen nuestras vidas y nuestros futuros. Lxs panelistas de la sesión sobre rendición de cuentas corporativa del Foro AWID 2016 hicieron un llamado a reorganizar por completo la forma en que pensamos el trabajo, el empoderamiento de las mujeres y la justicia global.

En efecto, los futuros feministas requerirán que prestemos una atención crítica al abuso que ejercen los conglomerados globales de empresas que siguen denegándoles a las mujeres trabajadoras sus derechos y que persisten en la explotación de clase. Para un futuro feminista son necesarias la justicia social y la solidaridad con lxs trabajadorxs de todo el mundo.


Sobre la autora

Rita reside en Toronto, está cursando su doctorado y es una escritora feminista. Sus intereses de investigación incluyen la migración africana, las identidades juveniles transnacionales y las políticas de género en las comunidades inmigrantes africanas.


Desde el 10 al 16 de octubre, AWLPD lleva adelante su semana regional de acción contra la Regional Comprehensive Economic Partnership [Asociación Económica Integral Regional, RCEP], una propuesta de acuerdo de libre comercio entre los 10 Estados miembros de la Association of Southeast Asian Nations [Asociación de Naciones de Asia Sudoriental].

Category
Análisis
Region
Global
Source
Foro de AWID