La promoción de los derechos de las mujeres en un panorama cambiante para la cooperación para el desarrollo

En todo el mundo, los actores del desarrollo ya han aceptado que la promoción de los derechos de las mujeres y la igualdad de género no son solo metas deseables, sino pilares de cualquier marco exitoso para el desarrollo sostenible. Como nunca antes, las mujeres y las niñas concitan la atención pública y se las reconoce como agentes clave del desarrollo.

Por Ana Abelenda, Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo

“Invertir en las mujeres y en las niñas” se promueve cada vez más como una estrategia esencial para el empoderamiento económico de las mujeres y, ciertamente, para el desarrollo y el crecimiento económico en general. Las variaciones de este discurso provienen de distintos actores como el Banco Mundial, Newsweek, y Walmart. Las nuevas políticas y programas de las agencias donantes y las ONG internacionales reflejan su adopción progresiva del lenguaje acerca de "invertir en las mujeres". Las empresas hacen hincapié en las mujeres como grupo clave de consumidoras, como agentes económicas y emprendedoras en pequeña escala. Los medios de comunicación masiva presentan historias sobre el poder de las mujeres para enfrentar los problemas sociales y económicos, y cubren los principales desafíos/dificultades que afrontan las mujeres y las niñas alrededor del mundo. Pocas personas se animarían a negar la importancia que tienen la autonomía y el empoderamiento de las mujeres para la construcción de economías saludables, sociedades justas y una paz perdurable.

Sin embargo, a la hora de financiar avances efectivos para las mujeres y las niñas más allá de las soluciones rápidas, el panorama no resulta tan deslumbrante.

Un informe de la Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo presentado a finales de 2013 demuestra que la atención que se les presta a las mujeres y las niñas parece haber tenido relativamente poco efecto en cuanto a mejorar la calidad y la confiabilidad del financiamiento para una amplia mayoría de las organizaciones de mujeres en todo el mundo. “Regando las hojas y dejando morir las raíces: La situación del financiamiento para organizarse por los derechos de las mujeres y la igualdad de género”, advierte que la creciente atención puesta en las 'hojas' —mujeres y niñas a título individual — llega sin apoyo para las 'raíces', o la acción sostenida y colectiva de las activistas y organizaciones por los derechos de las mujeres entendida como elemento central para los avances logrados por las mujeres a lo largo de la historia.

Entre los donantes, existe también la tendencia a dar prioridad al crecimiento económico, dejando los derechos humanos y el bienestar en un segundo plano. La norma es ahora priorizar el ‘rendiminiento’ rápido de la inversión por sobre el financiamiento estructural durante varios años que apoya el trabajo más difícil pero transformador sobre las causas de la injusticia y la desigualdad de género. Con esta modalidad, se escamotea el hecho de que la promoción de los derechos humanos y la justicia social es, y debe seguir siendo, una preocupación y un compromiso prioritarios de los actores estatales y de los organismos multilaterales de orden internacional.

En el panorama de la cooperación para el desarrollo, el campo del financiamiento para los derechos de las mujeres y la igualdad de género se caracteriza por incluir a actores cada vez más diversos, además de los países donantes tradicionales y las economías emergentes. Los actores más nuevos del financiamiento para el desarrollo, y especialmente el sector empresarial, están influyendo sobre las luchas de las mujeres por los derechos y la justicia en tal medida que su presencia ya no se puede soslayar. Este contexto presenta desafíos complejos y una variedad de oportunidades.

El informe de AWID “Actores Nuevos, Dinero Nuevo, Diálogos Nuevos” presentado en 2014 ayuda a comprender cómo los actores empresariales y otros actores 'nuevos' en cuanto a apoyar a las mujeres y niñas están configurando el discurso y la práctica del financiamiento para ellas. El informe señala que se está produciendo una convergencia entre —por un lado— un número creciente de alianzas entre el sector privado y el público, mayores exigencias formales para que el sector privado cumpla un rol en la cooperación para el desarrollo, y la expansión de las prácticas de responsabilidad social empresarial, que incluyen distintos modelos de construcción de 'emprendimientos sociales', y —por el otro— la visibilidad creciente de los relatos y estudios sobre el apoyo para mujeres y niñas.El desplazamiento 'de la ayuda a la inversión', es decir, la proliferación de soluciones empresariales para los problemas sociales y del desarrollo, expresa esta tendencia. Además de participar directamente en la fijación de agendas para el desarrollo, los actores empresariales pueden utilizar su poder de mercado y sus cadenas de valor para ofrecer soluciones innovadoras a las mujeres y las niñas.

Las activistas por los derechos de las mujeres tienen el derecho a sentirse preocupadas por el creciente sesgo utilitarista y corporativo de las agendas para el desarrollo y los derechos de las mujeres. Las iniciativas empresariales no pueden sustituir la obligación estatal de proteger y cumplir los derechos humanos y de asignar los recursos necesarios, incluso a través de mecanismos de cooperación internacional efectivos y transparentes.

Como preparación para la Primera Reunión de Alto Nivel de la Alianza Global para la Cooperación sobre Desarrollo Eficaz celebrada en México el 15 y 16 de abril de 2014, los actores del desarrollo deberían tener en cuenta este contexto para integrar mejor los temas de igualdad de género y derechos de las mujeres en cualquier marco efectivo de cooperación para el desarrollo. La vasta experiencia de las organizaciones por los derechos de las mujeres debería enriquecer y ayudar a determinar las mejores estrategias e iniciativas que habrán de apoyarse. Por eso, la participación de las organizaciones de base y por los derechos de las mujeres en todos los ámbitos de deliberación y negociación resulta fundamental.

Por ejemplo, el impacto colectivo del Fondo Holandés para el ODM3 demuestra en todas las regiones qué clase de transformaciones resultan posibles cuando se les otorgan recursos considerables a las organizaciones que están construyendo el poder colectivo de las mujeres. Estos recursos deben serles asignados por periodos extensos y con la flexibilidad suficiente como para que las organizaciones puedan ajustar sus estrategias en función de los cambios en sus contextos.

La distribución muy estratégica de recursos que hizo el Fondo para el ODM3 también constituye un reconocimiento de lo que los movimientos de mujeres ya saben desde hace muchos años:

Para ejercer un impacto perdurable en materia de igualdad de género y lograr avances serios en los derechos de las mujeres, necesitamos organizaciones, movimientos y estrategias que operen en múltiples niveles geopolíticos, estratégicos y normativos.

Necesitamos alianzas y esfuerzos coordinados que quiebren todas las divisiones históricas. Es bastante posible que una de las razones que explican el éxito del Fondo para el ODM3 sea la diversidad de sus beneficiarias. Si esos recursos se hubieran invertido en un solo tipo de organización, o solo en las que trabajan en uno de los ámbitos o niveles donde existen desigualdad y opresión, tal vez sus logros hubieran sido menores.

Es importante también que todos los actores del desarrollo, incluido el sector privado, rindan cuentas acerca de sus programas para lograr avances en los derechos de las mujeres y las niñas, de modo que el crecimiento y el rédito económicos no sean el motor de las políticas y metas del desarrollo.

En un mundo donde la riqueza está cada vez más concentrada y donde las desigualdades se agravan, resulta vital garantizar fondos públicos para el acceso universal a la educación, la salud, la vivienda, la justicia y la protección social de calidad, el trabajo decente, una gestión responsable del medio ambiente y el cumplimiento de los derechos humanos para todas las personas. Más que una meta deseable, se trata de una responsabilidad social global y de un imperativo ético.

Ana Abelenda trabaja en la Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID) en el Programa Justicia Económica y Financiamiento para los Derechos de las Mujeres. Mediante acciones sostenidas de promoción, defensa, y generación de conocimientos, ella ha luchado para que los derechos de las mujeres y la igualdad de género ocupen un lugar central en las agendas de la cooperación y el financiamiento para el desarrollo.

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Análisis
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Global
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AWID