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© Adolfo Lujan | Flickr (CC BY-NC-ND 2.0) - modified

Nuestra arepa: Cocina en resistencia

Alejandra Laprea (@alejalaprea), Caracas, Venezuela

Vivo en un país de lo imposible, donde no caen bombas pero padecemos una guerra.

Una guerra que existe solo para quienes habitamos este territorio.

Vivo en un país que nadie entiende, que poca gente  realmente ve, donde conviven varias realidades,  y donde la verdad es asesinada a cada rato. 

Vivo en un país al que se le está cobrando la osadía de pensarse a si mismo, de desafiarse a entender la vida de otra forma.

Vivo en un país de mujeres que les ha tocado inventar y reinventar, una y otra vez, su forma de vida, de resolver las cosas.

Vivo en Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria.

Desde el 2012 mi país está sometido a una guerra no convencional. No hay ejércitos definidos,  ni  poder de fuego. Su objetivo es dislocar, distorsionar la economía, afectar a todos los hogares, la vida cotidiana, la capacidad de un pueblo de soñar y mantener una alternativa política diferente a la democracia patriarcal, burguesa y capitalista.

Las mujeres venezolanas son las principales víctimas de esta guerra económica. Ellas, sobre las que histórica y culturalmente recaen las responsabilidades de cuidado, son las más afectadas y exigidas. Sin embargo, en estos años de bloqueo económico y financiero, las venezolanas pasaron de ser víctimas a protagonistas en la primera línea de defensa del territorio. 

Las batallas se dan desde los barrios, las cocinas, pequeños huertos. Se defiende el derecho de niñas y niños de ir al colegio, y se les garantiza algo tan sencillo como  unas arepas para el desayuno.

La arepa es una especie de pan de maíz que se puede hacer frita, asada o al horno, dulce o salada, que sirve para acompañar comidas o  de plato principal.  Es un alimento básico en la dieta de las y los venezolanos.

Las arepas en Venezuela significan cultura, familia, soberanía alimentaria, recuerdos de infancia, las manos expertas de las abuelitas haciéndolas redonditas, la tibieza que reconforta después de un malestar.

Las arepas nos conectan como pueblo a las culturas precolombinas del maíz, a una resistencia de más de cinco siglos. Son el Caribe que se expresa diferente en tierra firme. Son un acto de resistencia.

Cuando mi madre era niña hacer arepas empezaba en la madrugada, con el maíz seco. Las mujeres se levantaban y ponían los granos en pilones de madera y  con pesados mazos los golpeaban hasta despojarlos de una cubierta que los cubre. Luego los cocían en agua hirviendo, dejaban reposar y molían hasta convertirlos en masa y finalmente en redondas arepas. El proceso tardaba horas y exigía un gran esfuerzo físico.

A mediados del siglo XX una empresa venezolana industrializó la elaboración de harina de maíz. Para toda una generación pareció un acto de liberación ya que ahora contaban con una harina a la que con solo agregar agua les permitía tener arepas calientes en 45 minutos.

Pero esto significó que esa misma generación perdiera el conocimiento tradicional de su elaboración. Mi abuela era experta en hacer arepas, mi madre lo vivió de niña, y ya para mí la harina venía en un paquete. 

En la guerra sin cuartel, la harina precocida de maíz empezó a ser utilizada como arma de guerra por la misma empresa que la inventó y, que ya no era tan venezolana: actualmente empresas Polar es una transnacional.

Las mujeres empezamos a recordar a partir de hablar con las más viejas. Buscamos en el fondo de los armarios los molinos de las abuelas, esos que no habíamos querido botar por cariño. En algunas familias aún se procesaba el maíz de forma tradicional para las fiestas importantes. En algunos pueblos aún existían los pilones comunitarios conservados como parte de la historia local o porque pequeñas empresas familiares se negaron a morir. Todas esas experiencias de resistencia cultural se activaron y fuimos más allá e inventamos nuevas arepas.

Hoy sabemos que para resistir no podemos depender de un solo alimento, y aunque las arepas de maíz son las favoritas de todas y todos, hemos inventado recetas de arepas de batata (boniato), yuca (mandioca), auyama (calabaza), apio de raíz.

Hemos aprendido que casi con cualquier tubérculo podemos hacer arepas. Las empresas comunales han desarrollado procesos semi industriales de elaboración de harina pre cocida de maíz.  Es decir, hemos recobrado las arepas y su elaboración como un bien cultural común.

 


“Entretejidas” 

Surmercé (@surmerce), Santa Marta

Mi artivismo es una apuesta en lo cotidiano por la descolonización de los sentidos. Me gusta crear espacios que comunican cómo entretejemos nuestras luchas, pero sobre todo, que se hagan visibles (r)existencias disidentes, otros mundos posibles, y cuerpxs vivxs de este SUR. 

FR Mag - “Entretejidas” [Interwoven women] by Surmercé
Surmercé (@surmerce)

“We carry one another towards the future”

Marga RH (@Marga.RH), Chile, UK

Cuidémonos entre nosotras

Mientras seguimos poniendo esfuerzo en nuestras luchas, recordemos lo primordial de apoyarnos mutuamente, de creernos, de querernos. Cuando este sistema nos violenta debemos darnos tiempo para cuidar de nuestra salud (física y mental), la de nuestras compas, y entender que cada una lleva historias únicas que nos hacen luchadoras en resistencia.

FR Mag - “We carry one another towards the future” by Marga RH
Marga RH (@Marga.RH)

 


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