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© Adolfo Lujan | Flickr (CC BY-NC-ND 2.0) - modified

Mi ramadán queer

Amal Amer, California, EE.UU.

Rezo con mi familia por primera vez en seis años envueltx en un keffiyah que recogí de un contenedor de basura.

Desde que me transformé en quien soy, me he negado a orar en jamaat con mi familia. Plegarme a los rangos jerárquicos de las «mujeres» detrás de los «hombres» me fastidia. Se me irrita la piel y me rechinan los dientes al punto de que ya no me puedo concentrar y, estar de pie, inclinar la cabeza y ponerme de rodillas, se siente como una batalla contra mi verdadero ser. Cada segundo que dedico a escuchar es una traición a mi naturaleza. En cambio, rezo en soledad a mi manera.

Sin embargo, este ramadán me siento diferente. De vuelta en el hogar de mi infancia después de tantos años, decido ayunar. Decido tomar el suhoor con mi familia, y orar juntxs se siente como una extensión natural de comer juntxs. Después de comer, mi madre, mi padre, mi hermano y yo nos disponemos en fila para realizar el fajr.

Rezo detrás de baba, pero la oración que elevo es mía propia. Cierro los ojos, suspendo la respiración y el cuerpo.

Con los ojos cerrados, abro mi mirada interior hacia una ventana abierta a un paisaje de montañas, un sol radiante que se esparce sobre una suave neblina de nubes. Así era la vista que tenía mientras rezaba en jamaat en una boda queer musulmana a la que asistí en las montañas del sur de Francia en septiembre pasado.

Me uní a lxs invitadxs, amigxs queer y trans de ascendencia africana del norte y occidental, árabe y europea. Amigxs de todos los credos se sumaron a la oración mientras otrxs optaron por observar con respeto desde los costados o desde atrás. Los grupos no se repartieron en líneas divisorias de ningún tipo, ya sea de «musulmanes» y «no musulmanes», ni «religiosxs» y «no religiosos». Cada unx de lxs amantes que contraía matrimonio guió la oración, al igual que la mujer musulmana que ofició la nikkah. Cadx unx de ellxs pronunció dos rondas de oraciones, dos raqats.

Me presenté tal como estaba, con el cuerpo descubierto. No me había lavado. Tan solo le entregué mi cámara a unx amigx que escogió presenciar todo desde un costado.

Con el primer sujood, rompí en llanto. Tenía puesto un vestido de jean que amaba mi cuerpo y que había encontrado en una tienda de segunda mano de la que me había hablado mi exnovia. 

Los sollozos me atravesaron todo el cuerpo durante la oración, y posé la cabeza en la tierra junto con mi comunidad como una suerte de regreso a casa. Un regreso al abrazo de amor intensamente personal y comunal en igual grado, un abrazo que me sostiene.

Se siente como nadar en el mar con mucha gente: en jubilosa comunión, aunque, cuando te sumerges bajo el agua, eres solo tú y la corriente.

Como una docena de personas sepultadas en el mismo cementerio. Separadas, pero bajo el mismo suelo. Nos transformamos en una sola cosa con la tierra que crece.

Esa fue la sensación de aquella plegaria en comunión en una boda queer musulmana.

Le di la bienvenida a la luz de la aceptación así como me presenté a mí mismx aquel día, con un grupo que también había elegido reafirmar todas las partes de su ser con amor. Esa luz encontró un hogar en mí, e ilumina mi corazón en la oscura sala de la fajr esta mañana de ramadán. Aunque rezo con mi familia de nacimiento que no acepta todo lo que soy, me veo a mí mismx rezando en jamaat en aquella gloriosa boda con todxs mis acencestrxs queer musulmanes, mis ángeles queer, mi linaje, mi familia del alma, mi familia queer musulmana, todxs de pie en oración y reverenciando al unísono.

A la casa de mi familia no siempre la siento como propia, aunque ahora esté aquí. Llevo el bukhoor de una sala a otra, descalzx. En el incensario ardiente hay un incienso que dice «aquí estoy». Baraka, bendiciones desde el origen de todo, Alá y la Diosa, en cada habitación de la casa, declarando el bien y diseminando lo espontáneo.

Mientras escribo esto, el cielo adquiere el mismo color azul regio con el que me familiaricé cuando salía del club después de una fiesta que dura toda la noche. Es ese punto de la mañana en el que me adentro mientras me voy a dormir.

 

Significados de algunos vocablos:

  • Ramadan: mes sagrado musulmán, que se observa, tradicionalmente, con 29 días de ayuno de alimento y bebida durante las horas diurnas.

  • Keffiyah: bufanda estampada de uso frecuente en la región de Asia suroccidental y el Norte de África. La versión negra y blanca a la que se hace alusión aquí está asociada al movimiento por la liberación del pueblo palestino.

  • Orar en jamaat: ritual islámico que consiste en orar en grupo. Lxs participantes siguen a una persona, habitualmente un hombre, que llama a la oración en voz alta.

  • Suhoor: comida que se toma antes de que comience el ayuno al amanecer.

  • Fajr: oración matinal.

  • Baba: padre.

  • Raqat: ronda de oración que consiste en estar de pie, inclinar la cabeza, arrodillarse, y posar la cabeza en el suelo.

  • Sujood: posición para orar cuando se posa la cabeza en el suelo.

  • Nikkah: ceremonia religiosa del matrimonio.

  • Bukhoor: incienso árabe, aserrín humedecido en resina.

  • Baraka: bendición.

 


«Angels go out at night too» [Los ángeles también salen de noche]

Chloé Luu (@Electrichildren), Francia

Fotografías de los ángeles de mi vida, solo algunas mujeres y personas no binaries de color retratadas mientras pasan el tiempo, se cuidan entre sí y expresan su amor mutuo. Son estos momentos tan simples los que nos dan más empoderamiento

FR magazine - Chloe Lulu - 5
Chloé Luu (@Electrichildren)

 


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