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© Adolfo Lujan | Flickr (CC BY-NC-ND 2.0) - modified

Historia de un cuento no feliz

Gabriela Estefanía Riera Robles (@gabyestefaniarie), México

I

Juliana. ¡Cómo quisiera llamarme Juliana! Es un nombre lleno de poder y presencia, lleno de fuerza y vehemencia. A decir verdad, creo que todos los calificativos que le doy a Juliana son puras cosas que andan en mi mente y que me las invento para poder sobrevivir y resistir. 

Soy Estefanía, 28 vueltas al sol, 8 horas de sueño diarias, 4 tazas de café promedio y 1 hora de redes sociales durante el día. Mi historia se remonta a estos 23 años de resistencia.

A los cinco años, la nena que fui estaba en casa de sus abuelos, jugando con sus primos. En ese círculo de amor burbujeante, así sin más, fue víctima de violencia sexual por parte de uno de mis primos, El babas. 

Desde aquel momento la vida de la nena se transformó en todo aquello que no era digno. Le arrebató el amor, la compasión, el maternarse, el permitirse recibir y dar cariño, el confiar, tener sueños, le arrebató el cuerpo, su sangrado menstrual, su espiritualidad. Se había vuelto esclava de él.

Estefanía, 16 vueltas al sol, 11 años de resistencia, 12 horas de sueño diarias, 4 horas de televisión permitidas y 1 hora de llanto diario. La muchacha rompía los recuerdos.
Estefanía, 22 vueltas al sol, 17 años de resistencia, 9 horas de sueño diarias, 8 horas de clases universitarias y 1 hora de música diaria. La señorita decidió olvidar. La señorita se promete callar. La señorita busca encajar.

Estefanía, 28 vueltas al sol, 23 años de resistencia, 7 horas de sueño diarias, 6 horas de clase a la semana, 4 ex novios y 1 hora de terapia a la semana. 

¿Se han puesto a pensar lo importante que son el lenguaje, las palabras, las ideas, las formas en que nuestra mente se expresa a través de lo verbal? Suelo engancharme mucho con pensar y dar una respuesta lógica para las cosas. ¡Es obvio! Cómo no utilizar ese recurso si fue el mecanismo que decidí manejar a mis escasos cinco años para procesar toda la información confusa que había llegado a mi mente: “quién te quiere, te lastima”. De esa manera, y para sobrellevar el dolor, mi cuerpo y mi mente se disociaron. Me fui poniendo sobrenombres: la nena, la muchacha y la señorita.

Y así pasaron los cumpleaños, fechas importantes, momentos inolvidables, amores, rupturas, amistades. Y la nena, la muchachita y la señorita estaban disociadas. ¡Juliana, cómo quisiera sentirme Juliana! ¡Alborotada, intransigente!
 

II

Domingo. Día como cualquier otro de la semana durante esta cuarentena. Diría la Chatita,  mi madre, “porque esta cuarentena mijita nos agarró encerradas”. Sin embargo, para mí, un domingo en la noche significó que podía conversar con la familia. 

Juliana, sé que me encantaría que fuésemos amigas y que seas la que sale siempre a defenderme. Porque  aquí estoy nuevamente ante mi mayor miedo: El babas ingresó a la reunión virtual familiar. ¡Por las grandísimas diosas! ¡Juliana, ayúdame por favor!

Juliana era esa energía que me haría arder y querer hacer arder todo. Era la energía vital misma, la fuerza femenina, la dicha de sentirme viva. Juliana, mi loba blanca, había estado desde los inicios de la resistencia misma, protegiendo mi esencia cuando era la nena, la muchachita y la señorita. Juliana era mi guardiana y mi guía. 

FR Mag - Born fighter -  studio Fine Acts
Yana Buhrer Tavanier (@fineacts)

Juliana escribe:

“Este mensaje no tiene por finalidad saludarte ni saber qué es de tu vida. ¡NO! Este mensaje tiene por finalidad algo que me nace de las entrañas, de la misma rabia y del profundo deseo de buscar justicia por mis propias manos. Decirte lo que eres: ¡UN VIOLADOR!

Eres una persona adulta, que sabe claramente sus actos, sus hechos, sus aciertos y las heridas que dejó a las personas a lo largo de su vida. Pero por si no lo recuerdas, soy una mujer de 28 años, tu prima, a quien abusaste sexualmente cuando era una niña. ¿Ya te acordaste de quién soy? Ah no, espera.  Seguramente también lo hiciste con otras, pero eso no me corresponde en esta historia, aquí haré justicia por mí y por lo mío. 

Eres un descarado y un sinvergüenza. No me importan las razones por las que decides estar en mis espacios, pero de una vez por todas, te lo digo, ¡ERES UN VIOLADOR! y un perfecto sinvergüenza. Aléjate de una vez de mi camino, de las personas que me rodean, de lo que tenga que ver conmigo, sal de los espacios familiares, no quiero tener que verte, ya que te diré en la cara ¡ERES UN VIOLADOR! 

Te dejo muy claro, no soy la misma niña inocente de la que abusaste. Ahora soy una mujer que puede decirte en la cara todo esto: ¡ERES UN VIOLADOR!

No te voy a dar el gusto de hacerme sentir menos o que mi historia no cuenta. Que hayas tenido una vida miserable o tenido sufrimientos y tristezas, ese no es mi problema. Lo que me incumbe es sanarme y vivir una vida libre de tu basura y de tus heridas, una vida en la que yo haga justicia por mi niña interior. Ahora, la mujer que soy te repudia y te devuelve al espacio en el que has habitado y habitarás toda tu vida: las sombras.  

Mi manada está conmigo, ya te habrás dado cuenta ¡NO ESTOY SOLA, NO ESTOY LOCA! Tu mundo se está cayendo a pedazos porque rompí el silencio ante lo que eres, UN VIOLADOR”.

¿Lo sienten?

Este texto se lo envió Juliana a El babas, el 28 de abril de 2020 a las 15:58 pm. Temblorosa, asustada, con las emociones desbordadas ¡Ay la valienta vida, lo enfrenté!

Sé que encarar a mi agresor de la infancia es algo que no busqué, así como tampoco busqué ser abusada. Había soñado años con decirle a la cara todo lo que era, todo el daño que me ocasionó, todo el infierno que me hizo vivir. ¡Y plum!. Aquí estaba, había hecho justicia, lo había denunciado. 

Ahora nos vamos juntas, la Juliana con la Estefanía.

 El dolor siempre estará presente. Pero lo que aprendí es que mi vida no se reduce a una experiencia, mi vida no se reduce a ser la ultrajada, la dolorida, la abusada.  Mi vida es esta historia continua de sanación desde el profundo amor propio.

La niña, la doncella y la abuela juntas están aboliendo el tiempo, se miran, se aceptan y buscan llegar a la justicia a través de la conciencia, el despertar, el caminar, el acompañar y el amar. 

El daño y el control que esta experiencia causó en mi vida existen, pero ya no la dominan. Han pasado apenas unos días, pero siento que miro a los ojos de frente, sonrío desde el alma. Ya no está ese miedo y me puedo habitar. 

 


«Born Fighters»

Borislava Madeit y Stalker Since 1993 (@fineacts), Sofia, Bulgaria
Para el estudio creativo sin fines de lucro Fine Acts

Estas obras representan el poder, la valentía y la perseverancia de las mujeres. Las luchadoras primigenias, las que nacimos listas, las que nunca nos rendimos y seguimos en campaña ‑y logramos conquistas‑ para todas las mujeres

FR Mag - Born fighter - studio Fine Acts 1
Yana Buhrer Tavanier (@fineacts)

 


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