AWID es un organización feminista internacional de membresía, que brinda apoyo a los movimientos que trabajan para lograr la justicia de género y los derechos de las mujeres en todo el mundo.

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© Adolfo Lujan | Flickr (CC BY-NC-ND 2.0) - modified

Fantasmas de niña

Akua Antiwiwaa  (@akua__antwiwaa), Accra, Ghana / Providence, EE.UU.

Puño apretado, puños apretados
un beso en una boca abierta
bien abierta para
bien abierta para

Delante mío hay una foto vieja, borrosa. En ella, estoy toda vestida de blanco, desde las perlas sujetas en mi cabello y apretadas contra mis orejas, hasta las que rodean holgadamente mis pequeñas muñecas. El vestido largo hasta los tobillos que llevo se asienta cómodamente sobre mis botines blancos acordonados y mis medias con volados. Mis pequeños dedos, obedientemente entrelazados y quietos en preparación para la foto, apenas rodean el colorido arreglo floral que sostengo. Esta es mi primera vez como niña de las flores, una función que amo, y luzco inmaculada. 

¿Con qué sueñan las niñas pequeñas y cómo habitan sus propios mundos? Mientras me siento con esta foto, se siente como si estuviera mirando a una extraña y a una amiga, vagamente familiar y, sin embargo, desconocida. La amo, pero ella no me conoce. Sin embargo, recuerdo este día: la tirantez del vestido en torno a mi cintura, cómo me picaban las medias, cómo buscaba a mi madre con la mirada, alta y hermosa, al final de todo eso. Ser niña es una cosita tan complicada. Siento sus ojos atentos devolviéndome la mirada. 

Aquí afuera no hay suficiente
  Espacio 
para que escuches a unx niñx respirando
y lx llames tuyx

La pequeña niña me recuerda que solía pensar en mi vida feminista como algo lineal; tenía un punto de partida y un objetivo final.

Esta secuencia comenzó a medida que, lentamente, me daba cuenta de todas las cosas de mi niñez que eran injustas y coercitivas, cosas que me sacaron de mi cuerpo y me convirtieron en piedra. Después leí, reflexioné, sentí, pensé que había alcanzado la iluminación. Me disculpé con la niña pequeña. Le dije lo siento, le canté muchas canciones, le susurré cuánto deseaba haber podido protegerla. La abracé fuerte en una noche sin sonidos. Lloré por ella y con ella. Dije kosɛ. Y entonces la dejé ir. Pensaba en ella como si fuera un espejismo de mi pasado, un pájaro que canta muy temprano en la mañana, justo en el momento en que la noche se precipita en un amanecer apaciguante, arriba de los árboles de palo santo de un lugar que nunca conoceré. En mi mente, ella estaría a salvo allí. Finalmente llegué, con los brazos llenos de conocimiento, experiencia, historias, discusiones y mentiras (mentiras seguras, buenas mentiras). Estos eran brazos adultos, suficientemente largos y firmes y fuertes para abrazar cualquier cosa que fuera profunda y ancha y áspera. 

En el lapso de tiempo entre dejar de lado a mi niña y emerger como aquella que la salvaría, me fui de mi casa. Finalmente lejos, era libre para convertirme en todas las cosas que había pensado que nunca podría ser. También estaba sola. Hice una pausa. 

bien abierta para
una consideración sin sonido

¿Cómo hace una para que las memorias de infancia que son reparadoras tomen la forma de una práctica feminista?

¿Cómo se hace realidad esto? Este tiempo sola me enseñó muchas cosas, pero lo más importante es que me mostró que no necesitaba dejar ir a mi niña interior para sentirme libre. Más bien, relacionarme con ella de esta manera, exiliarla en los terrenos de los sueños y las memorias, me estaba lastimando. Al pensar en ella sólo como perdida, rota o necesitada de salvación, me estaba desconectando de las partes de mí de las que me avergüenzo profundamente. Necesitaba traerla conmigo, al presente. 

Y así, al abrazar la soledad que a menudo nos rodea, sea por elección o destino, y las distancias que nos envuelven ya sea por tierra o mar o muerte, me inclino a cultivar una memoria de la niñez que me sostiene, una que no tiene sólo moretones por la violencia de la narrativa. Cultivo esta práctica no sólo a través de mis propias memorias, sino a través de películas, medios visuales y el regalo de las historias de  mis amigxs.

Los personajes de las niñas en las películas, particularmente, se convierten para mí en una manera de soñar más de un millón de sueños, y la manera en la que bailan en las pantallas a medida que se desarrolla el guión, en un viaje con muchos finales. 

**

Sɛ wogya me hɔ kɔ a, medane mframa na mayera wɔ awia mu, na mahwehwɛ wo
Si me dejas, me convertiré en viento y te buscaré en todos lados. 

Esta es una promesa, y Esi la cumple. La protagonista en la impresionante película de Blitz Bazawule, Burial of Kojo [El entierro de Kojo], Esi (Cynthia Dankwa) es una niña pequeña que viaja a través del reino espiritual para salvar a su padre, luego de que él desaparece. Equipada con visiones del «cuervo que reina en la tierra intermedia», Esi es valiente y se mueve como una niña que no ha internalizado la idea de que la presencia corporal lo es todo. Siguiendo los mensajes y pistas del mundo espiritual –revelados en sueños exhaustivos que la dejan agotada–, Esi recorre el camino para encontrar a su padre, Kojo (Joseph Otsiman). Gracias a Esi, recuerdo la valentía y el fuego de la niñez, por las formas en que relata sus sueños con una tranquila convicción y curiosidad. Aunque la tarea que enfrenta trasciende las realidades tanto físicas como temporales de su mundo, la confianza que tiene Esi en su propia visión es lo que trae a su padre de vuelta. La relación entre Kojo y Esi desplaza la idea del padre como el protector y salvador de la hija. Debido a que la historia de Esi se cuenta de forma fantástica, y la de su padre, Kojo, se muestra de forma hiperrealista –sus luchas con el dinero, su sufrimiento por volver a trabajar en la minería artesanal de oro a pequeña escala– es fácil imaginar que el mundo de Esi existe fuera de los desafíos materiales de la adultez. Al final, sin embargo, descubrimos que el propio Kojo es acechado por los fantasmas de su pasado: un hermano muerto, que quiere su alma. Es Esi quien abre la puerta para que estos fantasmas sean atendidos. Es Esi, cuyo cuidado es constante. 

***

de lo que podría haber pasado
si no hubiera caído en el silencio 

Mientras miro a Ada (interpretada por Mame Bineta Sane) y Souleiman (Ibrahima Traoré) besándose contra las ásperas paredes de un edificio sin terminar junto al mar, siento que una ansiedad conocida crece en mi pecho. Cuando él le desabotona la camisa a ella, deseo que se detenga. Casi inmediatamente, y en el borde de mi ansiedad, un hombre mayor lxs descubre y les dice que se vayan. «¡Esto no es un burdel!», grita. Es una lástima que su sesión de  besos sea interrumpida, porque en diez días Ada, ya comprometida, estará casada con Omar (Babacar Sylla), un hombre de negocios. Ada le dice adiós a Souleiman con la esperanza de verlo más tarde esa noche. Esta es la última vez que lo verá. Frustrados por el robo de sus salarios que han soportado durante meses, Souleiman y sus compañeros trabajadores de la construcción abordan un bote para dejar Senegal e ir a Europa. Ada está desconsolada. El día antes de su boda, ocurre un incendio misterioso y comienzan a pasar cosas extrañas. Las amantes y hermanas que los hombres dejaron atrás contraen una enfermedad misteriosa que resulta ser una posesión espiritual (los hombres han muerto en el mar). Usando los cuerpos de las mujeres, estos hombres vuelven para reclamar retribución a su jefe, y exigir el pago. Souleiman está entre ellos, pero, en cambio, él vuelve por Ada. 

Con su título resonante, Atlantique, la película de Mati Diop es una reflexión sombría sobre la explotación laboral y la muerte de lxs migrantes. Sin embargo, también es una meditación sobre la sexualidad femenina y el trabajo extraído de las muchachas adolescentes para apaciguar a un mundo en el que sus verdaderos deseos son considerados últimos o nunca. Rodeada de las muchachas con las que pasa el tiempo –«las putas», con polleras cortas, purpurina y maquillaje de ojos, bailando bajo las luces de la discoteca que frecuentan–, Ada tiene la tarea de decidir en qué tipo de mujer se quiere convertir. Después de ser obligada a pasar por una prueba de virginidad, y angustiada por la pérdida de su amor, Ada rompe su matrimonio con Omar. Finalmente reunidxs –Souleiman en el cuerpo de otro hombre– hacen el amor bajo las luces azules del club. La situación en espejo entre la escena de apertura de y  la escena final de Ada y Souleiman, para mí, es una lección sobre la libertad y la sensualidad adolescente, algo que a menudo queda eclipsado por el trauma y la vergüenza. Más aún, Ada se burla de la respetabilidad: toma un amante de su elección cuando ya está comprometida; encuentra el valor para dejar a un hombre al que no ama; hace el amor con el que ella elige, incluso tras su muerte. Al final de la película, Ada, sola, se da vuelta para mirarse en el espejo. Mirándose a sí misma a los ojos, le dice al espectadorx: «La noche de ayer quedará conmigo para recordarme quién soy y mostrarme en quién me voy a convertir», dice. «Ada, a quien le pertenece el futuro. Yo soy Ada». 

***

la palabra de una niña
el aliento de una niña

La fotografía descolorida delante mío no es la verdadera foto, que está en Accra, que es donde yo no estoy. Mi pulgar se apoya en el borde de la impresión de la foto. Descansa en el borde de la foto que ahora miro a través de la pantalla de mi teléfono móvil. He mirado a mi joven yo muchas veces, intentando capturarla. A través de impresiones y pantallas digitales, ella sigue igual. Es inescrutable. Sin embargo, está aquí. 

 


«Cultura Negra»

Astrid Milena González Quintero (@astridgonzalezq), Santiago de Chile, 2016
Citación a la obra Pelucas Porteadores (1997-2000) de la artista Liliana Angulo

En la tradición africana que se conserva en Colombia, en zonas como el Pacífico y el Caribe, existen figuras míticas entorno a las mujeres sabedoras: portadoras de la palabra y la memoria para la conservación de los discursos ocultos de rebelión. Cimarronas y lavanderas politizan memorias como lucha contra el olvido.

FR Mag - “Cultura Negra” [Black Culture] by Astrid Milena González Quintero
Astrid Milena González Quintero (@astridgonzalezq)

«My Home» [Mi hogar] y «Sisterhood Secrets» [Secretos de sororidad]

Suhad Khatib (@suhad.izm), Palestina, Ammán, San Francisco
FR Mag - “My Home” by Suhad Khatib
Suhad Khatib (@suhad.izm)

Hola. Muchas gracias por darme la oportunidad de realizar una entrevista para este empleo.

En primer lugar, quiero presentarme. Mi nombre es Suhad, como en inglés: Sue had coffee, Sue tomó café. Ya saben, como el café que sus corporaciones le robaron a mi gente. Soy madre soltera, porque las economías de guerra mataron a todos los hombres que conozco.

¿Datos divertidos? Pues bien, me dieron este nombre por una tía que sobrevivió a una masacre cuando tenía cuatro años. Mi tía deseaba superar la diáspora a la que había sido forzada su familia cruzando el mar para verme, la primera hija de su hermano, pero murió en el viaje, con su criatura de cuatro años. Así que mi dato divertido es que no permitiré que nadie en esta habitación pronuncie nuestro nombre incorrectamente.

Fortalezas: Olvidé cómo ser pragmática. Experiencia en quema de puentes. Conocimientos teológicos incipientes, así que ahora sé que soy el cúmulo de todxs lxs que me antecedieron, y continuaré viviendo en todxs lxs que vengan después de mí. Provengo de una tierra sagrada por la que lucharon nuestrxs ancestrxs. Estoy segura de que escucharon hablar de Mariam y

Mahoma. Sigo con deseos de regresar, pero hay ejércitos enteros y sistemas bélicos que me lo impiden. De modo que acá estoy, ni aquí ni allá. Intento encontrar valor para reclamar la soberanía sobre mis publicaciones en las redes sociales.

¿Educación? Bueno, mi padre me enseñó a ser palestina; será por eso que en el pasado no lo logré. Mi madre me enseñó a ser una mujer palestina; será por eso que sí lo logré más tarde. 

Hablo tres idiomas: árabe, el idioma del libro sagrado; inglés, el idioma del colonizador, y arte, el idioma de las personas libres.

En resumen: soy, sin dudas, una valiosa incorporación a su marca de diversidad e inclusión. Aún estoy aquí pese a todos los obstáculos que me puso el capitalismo. Imaginen todo lo que puedo lograr sin obstáculos. Poseo la inteligencia emocional que se necesita para liderar equipos, mejor que todxs lxs extranjerxs con quienes se me compara en este rascacielos.

Por lo tanto, quedo a la espera de sus noticias.

FR Mag -  “Sisterhood Secrets” by Suhad Khatib
Suhad Khatib (@suhad.izm)

 


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