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© Adolfo Lujan | Flickr (CC BY-NC-ND 2.0) - modified

Esmeralda se apodera de Internet: cómo las redes sociales han ayudado a las mujeres romaníes a recuperar su visibilidad

Émilie Herbert-Pontonnier (@romani.herstory), Bélgica

¿Se acuerdan de Esmeralda?

La exótica heroína «gitana» nacida de la pluma del gigante literario francés, Víctor Hugo, y popularizada por los Estudios Disney con su Jorobado de Notre Dame. En esta querida película de animación, Esmeralda es una mujer de piel oscura, con tupido cabello y cejas negros. Joyas de oro, un escotado vestido que le deja los hombros descubiertos, largas faldas coloridas y una pandereta completan su atuendo y contribuye a moldear una imagen de la feminidad romaní que sigue siendo popular desde el estreno de la película en 1996.

Como mujer francesa de ascendencia romaní, nacida en 1986, no puedo fingir que mi infancia no estuvo marcada por El Jorobado de Notre Dame. Vi la película cuando tenía diez años, y en esa época, Esmeralda era el único ejemplo femenino romaní de la cultura popular que podía admirar. Ella no reflejaba mi experiencia, pero se parecía vagamente a mi madre y, lo que es más importante, era mi única opción en un mundo de princesas de Disney con piel blanca y ojos azules.

Las raíces romaníes de mi familia materna eran algo que mi madre y mi padre me aconsejaban no discutir en público, y, especialmente, no en la escuela. En la imaginación popular, el pueblo rom estaba (y sigue estando) frecuentemente asociado con la ilegalidad y el desorden. Mi identidad estuvo entonces definida por el secreto, la vergüenza y el trauma intergeneracional. Más tarde, descubriría que este secreto es muy común entre las familias romaníes: al instar a sus niñxs a esconder su etnia, los padres y las madres lxs protegen de un mundo que, históricamente, ha sido hostil con su otredad prescripta. Es una estrategia de supervivencia.

La representación de las mujeres romaníes en la cultura popular no ha mejorado en estos veinte años. En muchos países de Europa, la gente rom todavía enfrenta la exclusión social, la falta de acceso a servicios de salud y educación de calidad, y también los desafíos que representa encontrar empleo y vivienda adecuada. Las mujeres romaníes son estadísticamente más propensas a experimentar ataques y abusos sexuales que las mujeres no rom. Los medios han contribuido en gran medida a configurar una imagen de la feminidad romaní que, o bien fetichiza a las mujeres romaníes (como adivinas, brujas, o criaturas míticas exóticas), o bien las desacredita (como pordioseras sucias y analfabetas).

La escasez y el blanqueamiento de los personajes femeninos romaníes dentro de la cultura popular han contribuido a negar nuestra humanidad más básica.

Sin embargo, las mujeres romaníes son una parte esencial de las sociedades europeas: como ciudadanas, artistas, científicas, escritoras y activistas, las mujeres romaníes han contribuido a mejorar sus ámbitos de muchísimas formas. Muchas de ellas han dejado su marca en disciplinas tan variadas como las artes, la política, las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática) o la moda. No sufrimos en absoluto una falta de ejemplos positivos: sufrimos la falta de visibilidad.

Como feminista orgullosa, siempre me ha interesado la idea de recuperar la historia de la que fuimos elididas como mujeres, de escribir nuestra propia «herstoria» centrada en nuestras experiencias. Así que cuando, en el Día Internacional de la Mujer 2020, entré a la plataforma Instagram para crear una nueva cuenta, naturalmente, la llamé @romani.herstory. Yo tenía poca experiencia con las redes sociales, de hecho, ni siquiera tengo un teléfono inteligente (¡y rápidamente entendí que esto sería problemático!), pero esperaba que @romani.herstory podría, de alguna manera, ayudar a pluralizar las representaciones de mujeres romaníes. Dos o tres veces por semana, escribo y publico una corta biografía que da cuenta del recorrido vital de una mujer de ascendencia romaní, una heroína o una pionera olvidada que se rehúsa a amoldarse a los estereotipos. En esta cuenta, pueden encontrarse las historias de Panna Cinka, la violinista húngara del siglo XVIII que desafió las convenciones de género de su época; de Soraya Post, la política y activista por los derechos humanos sueca; de las actrices y raperas serbias Simonida y Sandra Selimović; o de Ellen Chapman, la extraordinaria domadora de fieras del siglo XIX, también conocida por su nombre artístico «Madame Pauline De Verre, la Dama de los Leones».

Elegí Instagram porque me permitía ofrecer retratos cortos, accesibles y atractivos que, potencialmente, podían alcanzar a un público amplio y diverso. Pronto, tuve que organizar mi tiempo para responder a los mensajes diarios de apoyo que enviaban (en su mayor parte, pero no exclusivamente) mujeres romaníes. Me mandan con regularidad los nombres de mujeres cuyas historias mis «seguidoras» quisieran ver publicadas en la cuenta. El lanzamiento de @romani.herstory me hizo entender que, en línea, se pueden construir formas alternativas y colaborativas de producción de conocimiento, y, a nivel personal, me ha ayudado a configurar con más confianza mi identidad como mujer joven de ascendencia romaní que vive en la era digital.

Internet y las redes sociales han permitido a las mujeres romaníes crear nuevos modelos de activismo y conectarse más allá de las fronteras geográficas.

Ahora, las mujeres de distintos ámbitos de la vida pueden interactuar con mayor facilidad, y compartir estrategias de resistencia, mientras se conectan a partir de diversos elementos de una herencia étnica y cultural compartida. En particular, las redes sociales en línea ofrecen la oportunidad de crear nuevas definiciones y nuevas imágenes de la cultura romaní que, de todos modos, sigue siendo en gran medida invisible en los medios tradicionales.

Las mujeres romaníes participan activamente de este cambio de paradigmas y, a través de sus conversaciones, corporizan lo que es tan raro que tengan permitido en los medios dominantes: ser graciosas, creativas, inteligentes, traviesas, curiosas, complejas, y solidarias unas con otras. Al adueñarnos de estos espacios virtuales, estamos afirmando que nuestra existencia es valiosa, en un mundo que nos lo ha negado durante siglos.

Sin embargo, soy consciente de que la celebración de cosas como la cuenta de Instagram @romani.herstory podría parecer algo elitista para las mujeres romaníes vulnerables, que pueden tener problemas más urgentes que desplazarse por la pantalla de la red social. Además, muchas mujeres rom pueden no tener acceso a las tecnologías de la comunicación, o pueden carecer del conocimiento digital requerido para utilizar eficazmente las redes sociales. En otras palabras, las chicas romaníes a quienes yo quisiera inspirar con mis «herstorias» pueden, simplemente, no ser capaces de leerlas nunca.

Es por esto que, dos meses después de inaugurar @romani.herstory, decidí avanzar con el proyecto y crear una cuenta Ko-Fi. Ko-Fi es como un frasco para propinas virtual: la plataforma permite que cualquier persona que tenga una cuenta de PayPal pague un pequeño monto de dinero por un contenido que aprecia. Decidí que, todos los meses, donaría el dinero que había reunido en Ko-Fi a diferentes organizaciones de base que apoyan a grupos romaníes vulnerables, centrándome particularmente en aquellos que trabajan por el empoderamiento de mujeres y niñas romaníes. La primera organización a la que quise hacer una donación fue E-Romnja, una asociación rumana por los derechos de las mujeres romaníes creada en 2012. En ese momento, E-Romnja estaba reuniendo dinero para su «fondo de ayuda de emergencia COVID-19», que apunta a proveer comestibles, alimentos no perecederos, pañales, jabón, desinfectante y otros elementos básicos a las familias romaníes necesitadas de provisiones. La respuesta fue entusiasta: en menos de cuatro días alcancé mi objetivo inicial de 100 euros, con donaciones que iban desde 1 euro hasta 30 euros: cada persona participaba con lo que podía. Si bien era virtual, la campaña de recaudación de fondos demostró que el proyecto podía asentarse más en la realidad social y, por lo tanto, ser más efectivo para generar soluciones colectivas, feministas e inclusivas que mejoren las vidas de las mujeres romaníes en todas partes.

No quiero caer en las trampas del utopismo tecnológico y asumir que las nuevas tecnologías resolverán el problema del antigitanismo de un día para el otro: de hecho, el discurso de odio en línea contra las personas rom y nómadas sigue siendo una preocupación para la mayoría de nosotrxs. Sin embargo, las tecnologías digitales y las redes sociales nos ayudan a crear cambio social y visibilidad más allá de las representaciones estereotipadas que los medios dominantes siguen usando para describir nuestras experiencias.

Nuestras realidades ya no pueden ser silenciadas. Esmeralda se ha apropiado de Internet y está reclamando su lugar en la mesa.

 


«Si las marronas lo permiten» 

Nayare Soledad Otorongx Montes Gavilan (@paellaypaelle), Madrid, España

En un estado racista, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía el color de la tierra, el color del oro, el color de lo sagrado. Nos encargamos de proteger nuestros cuerpos.

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«Fabrics, Passion, and Rebellious Fashion» [Telas, pasión y moda rebelde]

Salma Soliman (@salamii360), Los Angeles, Estados Unidos

Mi existencia es tanto una forma de rebelión como de rechazo. Estoy siempre creando el diseño de mi propia existencia en este mundo, en mis propios términos. Mi guardarropa encarna creatividad, vitalidad y confianza que trabajan activamente para rechazar las estructuras y normas del patriarcado y del capitalismo.

“Fabrics, Passion, and Rebellious Fashion” by Salma Soliman
by Salma Soliman (@salamii360)

 


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