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© Adolfo Lujan | Flickr (CC BY-NC-ND 2.0) - modified

Entre dos mundos: la doble consciencia de las mujeres de Gambia

Haddy Jatou Gassama (@haddyja2), Washington D.C., EE. UU.

La tribu mandinga de la República de Gambia tiene la costumbre de medir la primera wrapa[1] utilizada para cargar bebés recién nacidxs sobre la espalda de su madre. Como otros aspectos de las prácticas culturales mandingas, esta ceremonia está imbuida de acciones de género. La ceremonia de medición es el primero de los ritos de iniciación para las niñas mandingas. Esta ceremonia es realizada y conducida exclusivamente por mujeres. Habitualmente, se coloca una pequeña cuchara de calabaza en manos de la niña mientras se mide su primera wrapa.

La calabaza representa un futuro de esposa y ama de casa. Durante mi propia ceremonia de medición, mi abuela y mi madre me pusieron en la mano una lapicera en lugar de una calabaza, para simbolizar un futuro de estudio. Tanto mi madre como mi abuela son fervientes tradicionalistas, en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, escribieron, distendidamente,  sus propios manifiestos feministas con un simple fruncir de labios y la elección de priorizar la educación por sobre la «feminidad correcta».

En nuestro país, la tradición no siempre es la antítesis del feminismo. El estilo de feminismo de mi madre y mi abuela ejerce los poderes tradicionales y el respeto asignado a las mujeres mayores en casi todas las tribus de Gambia, para combatir un statu quo que, de lo contrario, sería patriarcal.

No obstante, estos mismos preceptos de poder y respeto pueden ser usados para mantener y perpetuar las normas patriarcales. Como tales, las mujeres de Gambia tienen una doble consciencia en cuanto a donde se ubican respecto de la línea demarcatoria del patriarcado.

El concepto de doble consciencia es utilizado a menudo en el contexto de la raza. Dentro de este marco general,  quien experimenta una doble consciencia tiene un sentido de sí y, además, una percepción innata de cómo es percibidx y tratadx por otras personas en lo que respecta a su identidad. En el contexto de raza, la doble consciencia describe la sensación de la persona de nunca poder llegar a ser verdaderamente, sino de verse confrontada, en cambio, con la relación de quién es y de cómo la ven lxs demás. W.E.B. Dubois describe este estado del ser en su revolucionaria obra The Souls of Black Folk [Las almas del pueblo negro]. Dice: «esta sensación de estar siempre mirándose a unx mismx a través de los ojos de otrxs, de medir la propia alma con la cinta métrica de un mundo que la observa con desprecio divertido y lástima.  Unx siempre siente su dualidad: ser  americanx, ser negrx; dos almas, dos pensamientos, dos esfuerzos irreconciliables; dos ideales batallando en un cuerpo oscuro, cuya empecinada fortaleza es lo único que le impide ser desgarrado.» Este arduo estado de dualidad es también una experiencia sinónima de la feminidad. En países como Gambia, donde los roles de género y las normas patriarcales están profundamente arraigados, esta sensación de dualidad se hace más palpable.

En Gambia, la doble consciencia de las mujeres se ha convertido en un sello cultural. Se evidencia durante las ceremonias matrimoniales, cuando los griots[2] cantan «aawo buuri kerram», que significa que la primera esposa es la reina de su hogar. En la misma ceremonia, las mujeres mayores aconsejarán a la novia que «jigéen daafa waara mounge»: la mujer debe tolerar o tener paciencia. En estas ceremonias, la fortaleza y la gracia de la mujer son siempre celebradas y alabadas, pero la cinta métrica con la cual se mide esta fortaleza es su capacidad de soportar el daño potencial que pueden causarle su esposo o la familia de él.

En el día de su casamiento, la novia a menudo comprende que en su hogar matrimonial ella puede ser simultáneamente reina y sirvienta. En el ámbito económico y educativo, las mujeres son, en general, alentadas a obtener una educación y a aspirar a carreras bien pagas. Sin embargo, la cinta métrica para los logros académicos y profesionales de muchas mujeres es el ego de un esposo potencial. Como en muchas otras partes del mundo, es común oír frases del tipo «¿Cómo vas a conseguir marido, con todos esos títulos?» o «Esa mujer es demasiado rica, nadie se va a casar con ella ahora.»

La agencia y los derechos igualitarios de las mujeres siempre han existido entre dos placas tectónicas de costumbres, aquellas que colocan a las mujeres sobre pedestales de alabanzas y respeto, y aquellas que reflejan el statu quo patriarcal.

El conflicto entre estas tradiciones matriarcales de poder y las normas patriarcales (que son, en su mayoría, resabios del colonialismo) deja a las mujeres de Gambia en un limbo. En nuestro pequeño país, las mujeres viven, trabajan y prosperan entre dos paradigmas de existencia divergentes.

El primero de estos paradigmas opera predominantemente en espacios informales. En este ámbito, las matriarcas son omnipotentes. Su palabra es ley y su ira es peligrosa. Las ancestras, las abuelas y las madres que componen esta clase de mujeres de élite funcionan como los cimientos de las distintas iteraciones del feminismo de Gambia. Son la piedra fundamental de los lazos familiares, y la fuente de nuestro ingenio y de nuestra actitud que no se banca insensateces. Estas mujeres son las guardianas de nuestras historias y las guías hacia nuestros futuros. La paradoja de su doble consciencia les permite ejemplificar la fortaleza y el poder de las mujeres de Gambia,  y sostener, al mismo tiempo, las normas patriarcales.

En Gambia, las mujeres, en particular las ancianas, funcionan como custodias de la aceptabilidad cultural. Su rol va desde el juicio informal sobre el largo de la falda de una joven, hasta la confirmación de la virginidad de una esposa luego de la noche de casamiento. A menudo, ven las acciones de sus hijas y nietas a través de los ojos de un varón. Las herramientas de medición con las cuales emiten sus juicios están, en general, ligadas a una causa patriarcal. Un velo de doble consciencia enturbia la ventaja social y la discreción concedidas a estas mujeres. Preguntas tales como «¿Qué pensará un varón de una mujer con falda  corta?», «¿Qué le hará un varón a una mujer con falda corta?» o «¿Qué valor atribuirá un varón a una novia que no sea virgen?» dirigen las acciones y los juicios de las mujeres que establecen y definen nuestras prácticas culturales. Estas mujeres tienen el poder de perpetuar o poner fin a prácticas nocivas, tales como la mutilación genital femenina (MGF) y el matrimonio infantil.

Como árbitros absolutos de los asuntos intrafamiliares, tienen el poder de proteger, en lugar de reprender, a las mujeres que buscan refugio de esposos abusadores. Al descorrer el velo de sus propias dobles consciencias, pueden confrontar activamente las inequidades de género que afectan a ambos paradigmas de existencia de las mujeres de Gambia.

El segundo de los dos paradigmas está enquistado en los ambientes formales. A diferencia del primer paradigma, que opera detrás de las puertas cerradas de los recintos y dentro de los vínculos familiares, el segundo paradigma es lo que la sociedad de Gambia muestra en público. Este espacio es universal en sus desigualdades. Toma la forma de brechas salariales entre varones y mujeres, de disparidades en el acceso a la educación y en las tasas de alfabetización entre niños y niñas, y de barreras legales a la equidad de género. Mientras que las características del primer paradigma son matizadas y a menudo están sujetas a la voluntad de mujeres individuales, las facetas del segundo paradigma son sistémicas. Quienes arbitran el primer paradigma son predominantemente mujeres ancianas,  mientras que las instituciones, generalmente encabezadas por varones, facilitan el segundo paradigma.

Las mujeres de Gambia existen entre estos dos espacios diferenciados. Su agencia y sus derechos dependen del lugar donde se encuentren. En muchos casos, el primero de los dos paradigmas brinda la posibilidad de realizar cambios progresistas, mientras que el segundo se mantiene rígido. La práctica de la MGF y la lucha continua por ponerle fin representan un excelente ejemplo de la tensión entre los dos paradigmas que afectan a las mujeres de Gambia.

La MGF como un rito de iniciación tradicional está arraigada en la doble consciencia de las mujeres de Gambia. La justificación recurrente de esta cruel práctica siempre ha sido la obligación religiosa islámica, que es una excusa apenas velada para la creencia en cuestión, más amplia y peligrosa. Todas las mujeres que perpetúan esta práctica, al facilitar el proceso, al ofrecer sus hijas para que sean cortadas, o al sancionar  a las mujeres que no son cortadas, comparten la creencia de que un varón no valorará a una mujer que no haya sido sometida a la MGF. Dentro del segundo paradigma, la MGF es ilegal, y lo ha sido desde 2015. Sin embargo, en Gambia se cortan miles de mujeres y muchachas jóvenes cada año, con poca o ninguna consecuencia legal. Existen innumerables ONG locales e internacionales que luchan por poner fin a la MGF en Gambia. Si bien muchas de estas ONG trabajan dentro de los sistemas del segundo paradigma, demandando que el gobierno aplique las leyes y castigue a quienes las violan, y hablando a lxs estudiantes en las escuelas, las que avanzan más son aquellas que apelan al primer paradigma. Al reconocer el poder de alcanzar a las matriarcas de las familias, estas organizaciones están redirigiendo el futuro de las mujeres del país hacia el progreso.

Soy una de las pocas mujeres de mi familia que no han pasado por la MGF. El día en que mis primas y yo debíamos someternos a la MGF, mi madre se negó a enviarme junto con el resto de las niñas. Dado que había sufrido MGF ella misma, se rehusó a permitir que ninguna de sus hijas experimentara sus horrores.

En Gambia existen sistemas patriarcales, pero las tradiciones matriarcales de nuestro país detentan una autoridad enorme. La tradición no es la antítesis del feminismo. Aunque las mujeres de Gambia tienen una doble consciencia en cuanto a cómo se  ubican respecto de la línea del patriarcado, también tienen poder de elección.

Las mujeres como mi madre y mi abuela han comprendido hace tiempo el poder de sus elecciones, y lo han utilizado discrecionalmente para garantizar que mis hermanas y yo no creciéramos midiendo nuestras fortalezas, nuestros talentos y nuestra existencia misma según la cinta métrica del ego o de la mirada de un varón. Las mujeres de mi vida me han enseñado a tener una fuerza cuyo objetivo no es sufrir a manos de un varón. Al contrario: la lección que nos han enseñado es que una mujer es reina o rey de su hogar y de su vida, y nunca menos que eso. A medida que las mujeres de Gambia de mi generación se van uniendo a las filas de las matriarcas que poseen este poder dentro en nuestro tejido social, soy optimista: durante los casamientos habrá que soportar menos discursos sobre los deberes de la mujer, y tendremos más momentos como mi ceremonia de medición de la wrapa.

 


«Sacred Puta» [Puta sagrada]

Pia Love (@pialovenow), Puerto Rico

El conjunto de obras de Puta explora la dicotomía de lo sagrado y lo no tan sagrado, al reimaginar figuras femeninas cruciales, desde la Biblia hasta la cultura pop, como mujerxs que se apropian implacablemente de su poder de seducción y que, a la vez, siguen siendo sagradas. Sanar la psiquis dividida, entre tener que existir en conformidad o ser redimidas como salvajes. Sacred Puta se atreve a imaginar un mundo donde la Virgen María (madre arquetípica) y la sacerdotisa erótica (doncella arquetípica) conviven en armonía, y lxs mujerxs se permiten la complejidad de ser amadxs, en su «libertad».

Así, Sacred Puta también cuestiona nuestra relación entre mercancías y mujerxs, y cómo ambas han compartido una larga historia de explotación, especialmente, en las estructuras capitalistas, de este modo, se orienta el trabajo a  desmantelar los marcos patriarcales y capitalistas, elementos nefastos no solo para lxs mujerxs, sino también para nuestro planeta y todas las almas que lo habitan.

FR Mag - "Sacred Puta" Pia Love
Pia Love @pialovenow

 


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