Armas de destrucción masiva: Las implicaciones de género

El mundo está constantemente bajo la amenaza real o percibida de las armas de destrucción masiva. Las armas nucleares, en particular, se anuncian como la garantía definitiva de la seguridad de una nación, aunque la gente considere que son moralmente indefendibles.[1]

Por Kathambi Kinoti

¿Cómo se vincula el género con las armas de destrucción masiva?
A simple vista podría no ser obvia la relación entre el género y las armas de destrucción masiva (ADM). Después de todo, la detonación de una bomba nuclear podría aniquilar por igual a mujeres, hombres, niñas, niños, animales y plantas.[2] Sin embargo, la dimensión de género se hace evidente al examinar el valor simbólico de las ADM. Las armas en general tienden a estar vinculadas a la masculinidad, que es una construcción social. Los hombres constituyen la mayoría de compradores, propietarios y usuarios. Las políticas y prácticas armamentistas y de desarme están influenciadas por ideas acerca de la masculinidad.[3] Las armas son consideradas símbolos de masculinidad y potencia sexual. En 1998, cuando la India hizo detonar cinco artefactos nucleares, el líder nacionalista hindú Balasaheb Thackeray dijo: ‘tenemos que demostrar que no somos eunucos’.[4]
Según la Dra. Carol Cohn, del Consorcio de Boston sobre Género, Seguridad y Derechos Humanos, ‘Después de las fallidas políticas iniciales, se está... reconociendo cada vez más que las asociaciones simbólicas de [las armas pequeñas y las livianas] con la masculinidad tienen efectos políticos. Específicamente, en relación a los programas de desarme, desmovilización y reinserción (DDR), obstáculos reales a un eficaz desarme [de armas pequeñas y livianas] son creados debido a las formas en que para muchos (hombres) combatientes las identidades y roles masculinos se han asociado a la posesión de armas’.[5]
No es en absoluto fácil llevar a cabo un desarme de armas pequeñas, y el desarme es mucho más difícil cuando, como en el caso de las ADM, las armas constituyen el símbolo definitivo del poderío y la potencia. La masculinidad política se vincula a la preparación para la guerra. Cohn cita las campañas electorales en los Estados Unidos como ilustrativas de esta tendencia. Dice: ‘Entre candidatos a cargos públicos, para quienes es peligroso que se les vea “suaves” o “debiluchos”, a menudo hay... una ansiosa preocupación por afirmar la masculinidad’.[6]
En este contexto surge la comprensión tácita de que para un líder político es difícil no ir a la guerra cuando lo ‘incitan’ o ‘provocan’. La diplomacia y la negociación son vistas como estrategias de seguridad ‘afeminadas’. De hecho, ‘la cultura estadounidense nunca ha otorgado a la diplomacia los fuertes y musculares atributos que se asignan al combate. En las películas de los Estados Unidos no abundan actores musculosos que protagonicen el papel de héroes en los cuerpos diplomáticos’.[7]
No sólo las discusiones políticas sobre las ADM tienen sello de género; también las discusiones profesionales siguen el estricto código de la masculinidad. Cohn relata la historia de un físico involucrado en estrategia nuclear. Él comentó que se había ‘sentido como una mujer’ cuando su observación respecto a los millones de seres humanos que podrían perder la vida instantáneamente en un ataque nuclear fue recibida con un incómodo silencio. Dijo que desde entonces se cuidaba de nunca volver a decir algo de forma tan ‘apresurada’ como lo hizo en esa ocasión. Según Cohn, peor aun que expresar preocupación por los cuerpos humanos, el científico ‘había demostrado algunas de las características del lado “femenino” de las dicotomías - al ‘apresurarse’ estaba siendo impulsivo, descontrolado, emotivo, concreto, molesto y sensible a cuerpos humanos frágiles. De esta manera, el discurso hegemónico del género lo posicionaba como femenino, lo que al físico le resultaba doblemente amenazante. Esto no sólo era una amenaza a la percepción que él tenía de sí mismo como masculino, a su identidad de género; también lo ubicaba en la posición devaluada o subordinada en el discurso’.[8]

Proliferación de ADM
Incluso la cuestión de quiénes pueden y no pueden tener ADM está marcada por el género. Algunas naciones consideran que tienen el derecho a desarrollar y poseer ADM, así como la obligación de desarmar a otras ciertas naciones que las tienen. Según Cohn, ‘Al señalar una distinción entre “el Yo” y “el Otro Desobediente” (que generalmente no es occidental), los argumentos dominantes en contra de la proliferación parecen humillantes, etno-racistas y desdeñosos. El discurso de la no proliferación no sólo se basa en representaciones occidentalistas de actores del tercer mundo, sino además lo hace por medio de una terminología cargada de género. Por ejemplo, el Yo de los poseedores de armas nucleares es responsable, prudente, racional, avanzado, maduro, controlado y competente en los planos técnico y burocrático (por lo tanto, “hegemónicamente masculino”). Con ello contrastan los Otros Desobedientes, descritos como son irracionales, impredecibles, emotivos, descontrolados, inmaduros, primitivos, indisciplinados, incompetentes y tecnológicamente retrógrados (marcas de una masculinidad inferior o “subordinada”).[9]

¿Dónde están las mujeres?
La Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Mujeres, Paz y Seguridad deja en claro que la seguridad es un asunto de mujeres. Resulta peligroso considerar aceptable que las discusiones sobre las ADM queden confinadas a los principales espacios políticos y científicos en los que hoy día tienen lugar, o pasar por alto la naturaleza de género de tales discusiones. Éstas se basan en nociones defectuosas de la masculinidad y tienen implicaciones fundamentales para la supervivencia de la humanidad. Si la paz ha de llegar a ser una realidad, las defensoras de los derechos de las mujeres debemos aumentar nuestra presencia e impacto dentro del discurso nacional y global sobre la seguridad.

Notas:
1. Cohn, Carol et al. (2005) ‘The Relevance of Gender for Eliminating Weapons of Mass Destruction’ [‘La relevancia del género para eliminar las armas de destrucción masiva’], Comisión de Armas de Destrucción Masiva (CADM), en http://www.wmdcommission.org/files/No38.pdf. Ver también: Comisión de Armas de Destrucción Masiva, informe final, “Las armas del terror: Librando al mundo de las armas nucleares, biológicas y químicas”, Estocolmo, Suecia, 1 de junio de 2006, en http://www.unescoeh.org/dokumentuak/armas_del_terror.pdf.
2. Esto no descarta el hecho de que, en muchas formas, a los hombres y las mujeres les afectan de manera diferente los conflictos o los efectos de las pruebas de armas nucleares, químicas o biológicas. Por ejemplo, las pruebas nucleares tienen peores repercusiones en la salud reproductiva de las mujeres que en la de los hombres, y ellas presentan más probabilidades que los hombres de desarrollar cáncer fatal cuando son expuestas a la radiación. Sin embargo, este artículo se centra en los enfoques de género dominantes al discurso sobre las armas de destrucción masiva.
3. Ver nota 1.
4. Ibíd., pág. 3.
5. Ibíd.
6. Ibíd., pág. 5.
7. Ibíd., pág. 6.
8. Ibíd., pág. 8.
9. Ibíd.

Artículo adicional consultado: Myrtinnen, Henri (2003) ‘Disarming Masculinities’ [‘Desarmando a las masculinidades’], en http://www.unidir.org/pdf/Gender/6%20myrttinen.pdf.

Fuente:
Friday File de AWID
Viernes, 2 de mayo de 2008

Traducción: Laura Asturias

Licencia del artículo: Creative Commons - Titular de la Licencia de artículo: AWID
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