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¿Podrá alguna vez ser justo el comercio justo?

El comercio justo busca promover la equidad en el comercio internacional, con particular énfasis en la protección de los derechos de productoras y productores marginados, sobre todo en el Hemisferio Sur. ¿Pueden coexistir las fuerzas del mercado y la justicia? Por Kathambi Kinoti

 

El comercio justo es una cuestión grande. Según la Federación para un Comercio Justo, entre 2006 y 2007, en el Reino Unido el volumen de ventas de productos de comercio justo aumentó 127 por ciento y su precio un 72 por ciento.[2] Desde el cacao de Ghana hasta el arroz de la India y el azúcar de Paraguay, los productos de personas pobres están encontrando cada vez más canales hacia consumidores del Norte a quienes les complace apoyar lo que esperan se traduzca en una transformación real de las vidas de la gente de escasos recursos en países lejanos.

Buenas intenciones
El comercio justo, dicen sus proponentes, tiene múltiples beneficios. Quienes producen cacao, café o manteca de karité obtienen un pago justo por su trabajo y no están a merced de las fuerzas del mercado o de intermediarios inescrupulosos. La Federación para un Comercio Justo dice que el comercio justo “busca crear una mayor equidad y asociación en el sistema del comercio internacional a través de

 

  • proporcionar pagos justos en el contexto local;
  • apoyar lugares de trabajo seguros, saludables y participativos;
  • brindar apoyo financiero y técnico para el desarrollo de capacidad;
  • asegurar la sostenibilidad del medio ambiente;
  • respetar la identidad cultural;
  • ofrecer responsabilidad y transparencia públicas;
  • forjar relaciones directas y a largo plazo, y
  • educar a consumidores”.[2]

 

Al inicio del movimiento por un comercio justo, la mayor parte del comercio consistía en canastas, alfombras, artículos elaborados con cuentas y otras artesanías producidas primordialmente por mujeres en países pobres. En la actualidad, productos agrícolas como cacao y café han reemplazado a las artesanías y todas las cadenas de tiendas de café más lucrativas, por ejemplo, apoyan los ideales del comercio justo. Desde hace mucho tiempo, el trabajo de las mujeres ha sido instrumental en la producción tanto de cultivos alimenticios para consumo local como de cultivos económicos destinados a un comercio más amplio. Las mujeres han salido perdiendo en ambos frentes. A nivel nacional su aporte está subvalorado, y al parecer ellas han sido invisibles en el plano de la producción de cultivos económicos y de las divisas por éstos. Con el comercio justo no se reduce su inequitativa carga laboral, aunque las mujeres podrían recibir pagos levemente más altos por su producción de cultivos económicos.

Los peligros
El giro del énfasis hacia los productos agrícolas ha traído a la escena a varios otros actores. El comercio justo promueve la participación democrática y alienta a productores a pequeña escala a organizarse en cooperativas o grupos que venden sus productos colectivamente y distribuyen los ingresos por éstos de manera equitativa. Sin embargo, ¿qué les impide a las grandes empresas unirse en cooperativas a fin de aprovechar los arreglos del comercio justo?[3] Según las voces críticas, las plantaciones a gran escala que no benefician en forma directa a agricultores pobres se están beneficiando del comercio justo. Además, aunque varias de las cooperativas que producen bienes de comercio justo son dirigidas y administradas por mujeres, como es el caso de las productoras de manteca de karité en África Occidental, la experiencia ha demostrado que la voz democrática de las mujeres suele verse comprometida en tales espacios. En regiones donde la seguridad y soberanía alimentarias se encuentran en situación precaria, es probable que los cultivos alimenticios para consumo local sean abandonados en aras de productos para exportación.
Otra crítica al comercio justo es que una gran parte del dinero queda en manos de intermediarios, ONG y minoristas. Una activista y consumidora bienintencionada que compra una taza de café con leche de primera calidad en su cafetería local podría pensar que está contribuyendo a elevar el nivel de vida de una campesina pobre en África o América Latina, pero no sabe exactamente cuánto esa agricultora se está beneficiando con su compra.[4] En términos reales, el dinero que ganan las y los productores es muy poco. Steve Daly, de la organización de beneficencia Worldwrite, pregunta: “¿Cómo se pueden celebrar unos cuantos centavos diarios adicionales provenientes del comercio justo creyendo que son un logro sobresaliente para la gente pobre?”[5] Se argumenta que la alternativa sería mejorar las vidas de las personas pobres modernizando los métodos de producción agrícola, por ejemplo, a través de la mecanización.[6]

¿Impulsa el mercado la transformación social?
¿Radica la solución en integrar a la gente pobre a la economía global de mercado, en vista de que, entre otras cosas, para empezar es esta economía la que ha exacerbado la pobreza? Los pocos centavos extra que una persona productora de café en Etiopía recibe cada día a través del comercio justo, ¿tienen un impacto real en la reducción de la pobreza? Al escribir sobre la Alianza para una Revolución Verde en África, Mukoma wa Ngugi (editor de Pambazuka News y coordinador de las conferencias Hacia un África sin Fronteras) asevera: “El hambre en África es principalmente un problema de disparidad política y económica. A fin de acabar con el hambre, la estabilidad política, una distribución apropiada de los alimentos y la tierra dentro de las naciones, así como menos énfasis en la agricultura de cultivos económicos y más en la de los cultivos alimentitos, resultarán más eficaces, más amigables al medio ambiente y menos costosos que las súper semillas que requerirán toneladas de pesticidas – y finalmente costarán mucho dinero”.[7]
El comercio justo es una medida bienintencionada para aumentar las oportunidades de productores de aquellos bienes a los que se les ha atribuido algún valor en el mercado global. No obstante, la pobreza no puede ser aliviada sin una evaluación crítica de la economía global de mercado que es motivada por las ganancias y de su capacidad para realmente dar lugar a la transformación social.

Referencias
1. Hechos y cifras sobre el comercio justo (en inglés), http://www.fairtrade.org.uk/what_is_fairtrade/facts_and_figures.aspx
2. Federación para un Comercio Justo, Sobre el comercio justo (en inglés), http://www.fairtradefederation.org/ht/d/sp/i/178/pid/178
3. Gogoi, Pallavi, “Is Fair Trade Becoming ‘Fair Trade Lite?’” [“¿Se está tornando ‘lite’ el comercio justo?”], Business Week, 18 de junio de 2008, http://www.businessweek.com/bwdaily/dnflash/content/jun2008/db20080617_775861.htm
4. Alsever, Jennifer, “Fair Prices for Farmers: Simple Idea, Complex Reality” [“Precios justos para agricultores: Idea sencilla, realidad compleja”], The New York Times, 19 de marzo de 2006, http://www.nytimes.com/2006/03/19/business/yourmoney/19fair.html
5. Citado en O’Neill, Brendan, “How fair is Fairtrade?” [“¿Cuán justo es el comercio justo?”], Noticias de la BBC, 7 de marzo de 2007, http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/2/hi/uk_news/magazine/6426417.stm
6. Ibíd.
7. Ngugi, Mukoma wa, “Is Bill Gates good for Africa?” (“¿Es Bill Gates bueno para África?”), Pambazuka News, 10 de abril de 2008, http://www.pambazuka.org/en/category/editorial/47260

Friday File de AWID
Viernes, 1 de agosto de 2008
Título original: Can Fair Trade ever be Fair?
http://www.awid.org/eng/Can-Fair-Trade-ever-be-Fair
Traducción del inglés: Laura E. Asturias

Licencia del artículo: Creative Commons - Titular de la Licencia de artículo: AWID

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