Yo y mi Hijab - Reflexiones sobre el velo
Por Samira Ali Gutoc, Young Moro Professional Network (YMPN), Filipinas. Septiembre 2003
"¿No tienes calor?", pregunta en serio una mujer. Yo intento no reirme, e ignoro la alusión asociada a la pregunta. Este velo tiene aire acondicionado, respondo.
Llevar puesto un hijab y tener amigos no musulmanes me hace sentir mitad musulmana y mitad cristiana (o mestiza). En el argot maranao, esto significaría ser parte musulmana y parte cristiana (por parte de padres). No es la religión en si lo que me hace sentir como si viviera siempre en medio de un discusión religiosa, sino que el sentimiento surge de la curiosidad/media-aceptación con la que me encuentro tanto en los círculos musulmanes como cristianos. Cuando estoy con musulmanes, tengo que defender mi profesión liberal en los medios de comunicación. Cuando estoy con cristianos, tengo que explicar mis prácticas islámicas.
El hijab (llevar velo) es una decisión personal que tomé cuando tenía 17 años. No fue por una indicación de mis padres, ni por un sermón de un mullah, ni por ningún tipo de presión. Leí el Corán y comprendí la razón de llevar velo. No era una cuestión segregacionista o purista. Era una manera de reconocer que las mujeres pueden trabajar junto a cualquier otra persona, hombres o no musulmanes, prescindiendo de las superficialidades de una peluquería. No tengo por qué ser juzgada por mi apariencia física. Además, mi hijab, una forma de vigilancia (inerte) es para mi algo obligado, siempre tengo que ser "buena" para ganarme mi sitio después de la vida.
Otras llevan el velo por una cuestión de cultura o de conveniencia. Después de visitar lugares en Filipinas como Sulu, Maguindanao, Cebu o Baguio, he observado cómo el velo tiene sus particularidades en cada comunidad o tribu. Las mujeres de la tribu Tausug llevan gorros con lentejuelas, las de Maguindanao llevan mallas de colores, en Maranao de forma triangular. Otras solo llevan los ojos pintados de negro. Las mujeres musulmanas occidentales que he conocido son más conservadoras dentro del grupo de mujeres condicionadas por su cultura. No llevan velos de colores y no enseñan el pelo.
Cuando leo sobre la cuestión del hijab, me doy cuenta de la complejidad de esta experiencia. No es solo una experiencia espiritual como yo y muchas moreos en Marawi experimentan todos los días. En Oriente Medio, "la política y el hijab", van juntos. De hecho, llevar o no llevar velo fue parte de la "lucha feminista". Durante el periodo de la colonización de Egipto en 1899, se pretendía reformar las leyes de mujeres sobre educación primaria, poligamia, divorcio y la abolición con repecto a llevar velo. La elección de llevar hijab era algo por lo que se luchaba junto con el llamamiento contra la segregación de mujeres y hombres. El hijab también es una forma de afirmación de la civilización islámica bis a bis con Occidente. "El velo islámico corta transversalmente las relaciones de poder entre el Islam y Occidente, la modernidad y la tradición, el secularismo y la religión, así como entre hombres y mujeres y entre las mismas mujeres", escribe el antropólogo Dr. Mohammad Talib del Centro de Estudios Islámicos de Oxford.
La elección de llevar velo a veces puede implicar discriminación o desconfianza en un ambiente no musulmán, hasta el extremo de provocar disturbios como los ocurridos en Europa. ¿Recuerdan el caso de Alemania cuando una mujer musulmana se negó a quitarse el velo en el colegio? Creo que la expulsaron. Ese hecho provocó un debate a nivel nacional. El hijab podía percibirse, de hecho, como una "amenaza a la sociedad". En Zamboanga, Filipinas, se les prohibió a las estudiantes de enfermería llevar velo porque, según la administración del hospital, eso asustaba a los pacientes. Esto provocó un nuevo debate público.
Es difícil ser musulmana en una sociedad no musulmana. Bueno, puede que sea más difícil para una mujer musulmana, que tiene que lidiar diariamente con miradas, preguntas y desconfianza, en una ambiente mayoritariamente no musulmán. A veces no es tan malo. Cuando te pierdes entre una multitud y estás buscando a un amigo, él o ella te pueden encontrar con facilidad. No necesitas llevar pantalones vaqueros de diseño o ropa con brillos para llamar la atención, el velo hace que los ojos se centren en ti.... Bromas aparte, el velo es más una experiencia emocional que otra cosa. Lo llevo porque me ayuda a sacar la fuerza de mi interior. Es como tener un poder sin medida, tiene un efecto en mi.




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