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Una activista por los derechos sexuales que se enfrenta a las hegemonías internas y a los fundamentalismos externos: Desafiando a los Fundamentalismos entrevista a Alejandra Sardà

Alejandra Sardá

Alejandra Sardá

Alejandra Sardá es la Coordinadora de Mulabi - Espacio Latinoamericano de Sexualidades y Derechos. Comenzó a trabajar por los derechos de las lesbianas en 1990 y desde 1997 su trabajo se amplió para incluir los derechos de las personas LGBTI más en general. Actualmente define su activismo dentro del marco de referencia de los “derechos sexuales”.

Ella creó el primer grupo de apoyo para personas bisexuales en Argentina, fue Secretaria de Mujeres de la ILGA (1997-1999) y Coordinadora del Programa para América Latina y el Caribe en IGLHRC (1999-2006). Ha formado parte de muchas iniciativas feministas tanto en el plano regional como internacional y actualmente es asesora de la Campaña por una Convención Interamericana de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos. También integra la Coalición de organizaciones que promueven temas de orientación sexual, identidad y expresión de género en el sistema interamericano y la Iniciativa por los Derechos Sexuales, una coalición de organizaciones del sur y del norte que trabaja en el Consejo de Derechos Humanos. Con respecto a los fundamentalismos religiosos, como los temas en los que Alejandra trabaja son objeto de ataques permanentes, ella nunca ha podido darse el lujo de ignorarlos. Por eso, aunque nunca ha estudiado específicamente los fundamentalismos religiosos, siempre los ha tenido presente y los tiene en cuenta para planificar su trabajo y para pensar respuestas que sean lo más eficaces posible.

Entrevista por Juan Vaggione

JV: ¿Cómo entiendes el término “fundamentalismos religiosos”? ¿En qué medida te resulta útil para el trabajo que haces? ¿Recomendarías algún otro término como alternativa?

AS: Los fundamentalismos religiosos son movimientos políticos que utilizan los aspectos más conservadores de la religión para acumular poder político y económico y conservarlo. Han existido a lo largo de toda la historia humana, como también lo han hecho las personas con perspectivas más libertarias. El aspecto novedoso en esta época es el rol de los mercados. Por eso, más que analizar los fundamentalismos religiosos en sí mismos, lo que resulta cada vez más urgente es entender cómo interactúan con los mercados, porque eso ésa es la verdadera innovación de esta época. La ventaja del término “fundamentalismos religiosos” es la misma de otras simplificaciones (como LGBT): que puede ayudar a empezar a conversar ya que la mayoría de la gente conoce o cree conocer su significado. El problema es que pone demasiado énfasis en el aspecto religioso, ocultando la agenda de dominación política y económica que es prioritaria para esos movimientos que se presentan como si sólo les preocupara lo religioso, pero no sé si utilizaría otro término. Tal vez pondría “religiosos” entre comillas.

JV: ¿Por qué los temas ligados a los derechos de las mujeres son centrales para la forma como operan los fundamentalismos religiosos?

AS: Controlar los cuerpos de las mujeres, su sexualidad y su reproducción es algo fundamental para el control social, ya sea que lo ejerzan los fundamentalistas religiosos, los nacionalistas o el mercado neo-liberal. En el imaginario occidental, las mujeres están ligadas al deseo y quien controla el deseo controla al (varón) deseante (y a la mujer deseante, cuyo deseo se supone que es ser deseada). Sería interesante analizar cómo operan los fundamentalismos religiosos en cuanto a las masculinidades. No creo que ‘sólo’ la construcción de las feminidades sea central para su proyecto sino que también lo es la de las masculinidades.

JV: ¿Cuáles son los principales actores fundamentalistas religiosos en tu contexto?

AS: Defino “mi contexto” como los derechos sexuales, y especialmente la afirmación de la diversidad de cuerpos, prácticas, identidades, expresiones y deseos en América Latina. Los principales actores son quienes encarnan las tendencias fundamentalistas de la iglesia católica, sobre todo sus líderes y también los poderosos grupos ‘semi-laicos’ que la integran (Opus Dei, Yunque, Caballeros de Cristo, etc.), así como las iglesias evangélicas (no las tradicionales, que son progresistas, sino las neo-pentecostales).

JV: En tu opinión, ¿cómo operan los fundamentalismos religiosos y qué es lo que ha contribuido a la eficacia que han alcanzado en estos últimos años?

AS: Operan sobre la base de necesidades humanas básicas: identidad, pertenencia, trascendencia, soluciones fáciles y rápidas para las cuestiones más problemáticas. Creo que si la pregunta tratara sobre el mercado neoliberal, mi respuesta sería la misma. Hay algo en la indefensión de los seres humanos con respecto al ambiente en el que nos movemos que hace que nuestra especie sea tan arrogante, tan insatisfecha y tan individualista, y que necesitemos creer que nuestra presencia en el mundo tiene algún significado más allá de la mera existencia, como si el hecho de existir no fuera ya milagro suficiente. Así es como el sur humano, en su desesperación por subrayar que existe y que es algo completamente único, fácilmente cae en la tentación de imaginarse un dios que está en comunicación constante con él/ella, una verdad que le ha sido revelada a él/ella, su superioridad sobre los otros seres que existen sólo para ser adoctrinados, condenados, comidos, etc. por él o ella. Tanto la publicidad como la religión parecen hablarle a cada persona como si no hubiera nadie más en el mundo, permitiéndole creerse única o único. En cuanto a su eficacia, creo que los fundamentalismos religiosos siempre han sido eficaces (pensemos en las brutales guerras religiosas europeas, el genocidio de los pueblos indígenas en América, la inquisición española, etc.) precisamente porque operan sobre este nivel elemental de la subjetividad humana. Lo que ha sucedido recientemente es que (a) ésta es la época que nosotras/os vivimos, entonces nuestra vanidad humana hace que creamos que lo que sucede ahora no sucedió nunca antes, y (b) debido a la globalización de los mercados, tenemos la posibilidad de enterarnos de cosas que suceden en casi cualquier lugar del mundo en forma inmediata.

JV: ¿Qué cambios percibes en el funcionamiento y la forma como se manifiestan los fundamentalismos religiosos?

AS: La iglesia católica ha perdido su hegemonía sobre el pensamiento y la acción fundamentalista religiosa, que detentaba desde la conquista del continente americano. Esto comenzó en los 80 cuando las fuerzas conservadoras en Roma, lideradas por Juan Pablo II, derrotaron a la teología de la liberación, tomando así distancia de los pueblos y dejando un vacío que luego llenaron las iglesias neo-pentecostales. En los años 90 comenzaron a surgir en varios países (p.ej. Guatemala, Paraguay, Honduras) figuras públicas que también eran evangélicos/as militantes, además de la derecha católica militante que siempre había estado activa. En Brasil, las iglesias evangélicas comenzaron a formar partidos políticos y a participar en la política tradicional a partir de los 90. Estos son todos factores importantes en mi trabajo, porque estas figuras públicas –algunas de las cuales están en los Congresos- bloquean iniciativas a favor de la diversidad sexual y promueven otras que van en detrimento nuestro. Esto ya no lo hacen “desde las sombras” como era la modalidad tradicional de la iglesia católica sino abiertamente, ocupando cargos en el ejecutivo y como representantes electas/os. Otro cambio es que ahora salen a la calle a manifestarse ante cualquier polémica que tenga que ver con derechos sexuales, y desde el 2000 esto lo hacen cada vez con mayor intensidad y en mayor número. Creo que esto tiene que ver con los procesos de democratización formal en la región y con los métodos para expresar las demandas sociales que las/os fundamentalistas religiosas/os también han adoptado, y ¿por qué no habrían de hacerlo? Pero esto quiere decir que tenemos que pensar otras formas de enfrentarnos a un adversario que ya no opera como “poder detrás del trono” sino definiéndose como un movimiento social.

JV: ¿Cuáles son las fuentes de recursos, poder y legitimidad de los fundamentalistas religiosos?

AS: Las fuentes psicológicas y filosóficas ya las mencioné. En cuanto a recursos materiales, es imposible pensar los fundamentalismos religiosos fuera del contexto de los mercados globalizados. Son empresas altamente eficientes que operan con la misma lógica del mercado, vendiendo sus mismos servicios: identidad, certezas, etc. Sus clientes/fieles les aportan recursos materiales y simbólicos, ya sea en forma directa a través de donaciones o comprando sus productos, y también indirecta porque una institución que puede hablar en nombre de millones de personas tiene poder político. Eso hace que, por ejemplo, los gobiernos tengan miedo de que las medidas progresistas en materia de sexualidad resulten impopulares. Por supuesto que los fundamentalismos religiosos aseguran que su legitimidad les viene de dios pero a veces me parece que ni ellos mismos lo creen.

JV: ¿Cuáles son algunos ejemplos concretos que podrías mencionar en cuanto al impacto de los fundamentalismos religiosos sobre los derechos humanos de las mujeres en el contexto de tu trabajo?

AS: Un ejemplo es la ley de unión civil (1151/95) que se presentó en 1995 en el Congreso brasileño pero nunca logró salir de comisión, debido a la enorme presión que ejerció el bloque evangélico que en ese momento tenía casi 120 integrantes. La forma como se logró paralizar ese proyecto de ley es interesante porque muestra la complejidad de nuestras sociedades y cómo resulta imposible hacer lecturas lineales sobre supuestos ‘progresos’ o ‘retrocesos’. Mientras el proyecto de ley sufría toda clase de ataques – desde debates públicos en su contra hasta amenazas a las/os representantes que lo apoyaban- diferentes estados del país iban aprobando leyes municipales o estatales que reconocían derechos a las parejas formadas por personas del mismo sexo y los tribunales se pronunciaban de manera positiva en temas de herencia, seguros de salud y adopción para las parejas de gays y lesbianas. Tras las elecciones legislativas de 2006, el bloque evangélico quedó reducido casi a la mitad (según los analistas políticos, esto se debió sobre todo a los escándalos de corrupción en los que estuvieron involucradas/os representantes evangélicas/os) pero la paradoja es que el movimiento gay de Brasil (LGBT es el nombre pero en la práctica y en este caso específico es sobre todo gay), afirmó recientemente que las uniones civiles ya no son una prioridad. Ahora el acento está puesto en penalizar la homofobia, ya que es mucho más probable que esto se apruebe. Mi lectura es que esto ha sido un triunfo para los fundamentalistas religiosos no sólo en su intento de cercenar derechos sino también de convencer al propio movimiento de que renuncie a impulsar nuestros derechos y, lo que es todavía peor, de que las medidas punitivas tienen más posibilidades de éxito que las positivas. Es una victoria simbólica para su mirada acerca del mundo, en la que el castigo y el sufrimiento ocupan un lugar central.

JV: ¿Percibes impactos sociales o psicológicos mas profundos ejercidos por los fundamentalismos religiosos sobre los derechos humanos de las mujeres?

AS: En el ejemplo que di más arriba se puede comenzar a ver lo que me parece que es el impacto más profundo. En el área de los derechos sexuales, se están cambiando las agendas para “enfrentar mejor” al adversario, pero me temo que en realidad lo que sucede es que nos hemos contagiado peligrosamente de su forma de ver el mundo. Sobre todo en el caso de la diversidad sexual, los movimientos surgieron en los años 70 hablando de ‘liberación sexual’, poniendo énfasis en el placer, el descubrimiento, la apropiación del cuerpo y la ruptura de los moldes patriarcales. Ese discurso ahora ocupa una posición marginal. A mí me parece que los discursos actuales intentan responder a los fundamentalismos religiosos utilizando su mismo lenguaje - “nosotras/os también somos familia”, “Dios me hizo homosexual” -, poniendo énfasis en el sufrimiento, la muerte y el castigo, para presentar a las personas LGBT como sujetos ‘aceptables’ para las corrientes tradicionales de derechos humanos. La consecuencia directa de este ‘matrimonio mental’ es que conseguimos derechos para los sectores dominantes (parejas gays o lesbianas de clase media o media-alta, monógamas o aparentemente monógamas, con o sin hijas/os, o personas trans que se identifican con el modelo de haber nacido en el cuerpo equivocado) mientras que aquellas/os que por su mera presencia o postura política no pueden ser asimiladas/os por esa agenda están quedando cada vez más marginadas/os (bisexuales, personas trans que se identifican con otros modelos, personas intersex, gays y lesbianas cuyos estilos de vida no encajan en la descripción mencionada). Un ejemplo preocupante es el proyecto de ley de identidad de género que se presentó en marzo de 2007 en México, con el apoyo de grupos trans, y que explícitamente incluye exigencias como la esterilización o el divorcio en caso de haber contraído matrimonio con anterioridad para que el estado reconozca la identidad de género elegida por las personas. Se puede percibir cómo ese proyecto de ley presenta a las personas trans de manera tal que puedan ser aceptadas por una sociedad y un aparato estatal dominados por el fundamentalismo católico, que sólo pude aceptarlas si son asexuadas, ‘errores de la naturaleza’ y estériles.

JV: ¿Percibes algún impacto específico sobre las mujeres jóvenes o la juventud en general?

AS: La juventud es el sector más codiciado por las empresas, ya sean religioso-fundamentalistas o laicas, porque se supone que es el más fácil de influenciar y manipular, pero también porque representa una de las aspiraciones sociales más enraizadas en Occidente. Si un producto – no importa que se trate de una zapatilla/tenis o de una iglesia – se asocia con la juventud, es más probable que las/os adultas/os también lo consuman, para sentirse jóvenes. En estos últimos tiempos a las iglesias católica y evangélica ha comenzado a importarles mucho definirse como parte del movimiento juvenil, porque también han comenzado a difundir el mensaje de que ‘lo más nuevo’ es reaccionar contra la decadencia y el libertinaje. Y lo ‘más nuevo’ siempre debe ser juvenil, por eso no es casual que los fundamentalistas religiosos procuren activamente reclutar voceros/as jóvenes. En Beijing+5 y Beijing+10 las ‘tropas’ de la reacción fundamentalista religiosa estaban formadas, en su mayor parte, por jóvenes. En Buenos Aires, muchas/os de las/os fundamentalistas que montan guardia frente a la catedral todos los años durante la Marcha del Orgullo para protegerla de los ataques de los desviados, son jóvenes. Cuando se habla de cómo el mercado usa y convierte en objetos a las/os jóvenes, se debe incluir también a los fundamentalismos religiosos, que hacen lo mismo.

JV: ¿Quiénes están resistiendo y desafiando con éxito a los fundamentalismos religiosos en tu contexto, y cómo lo hacen? ¿Hay algunas estrategias que estén lideradas por mujeres jóvenes?

AS: Básicamente son los movimientos que defienden la diversidad sexual en sus diferentes configuraciones, casi siempre aliados a las feministas y a los movimientos de jóvenes. La estrategia de los movimientos LGBT de adoptar el discurso de los derechos humanos para responder a las agresiones de los fundamentalistas religiosos ha sido fundamental. Aunque el problema de esto es que hemos perdido el elemento de liberación y radicalismo que primaba en los primeros años del movimiento, no cabe duda de que utilizar el discurso de los derechos humanos le ha dado una legitimidad enorme a los sujetos y a las demandas del movimiento. Es un argumento que –en América Latina, donde la idea de derechos humanos está muy ligada a la lucha contra las dictaduras- no resulta fácil de combatir. La estrategia ha sido presentar el respeto por la diversidad sexual como algo inseparable de los valores democráticos, del pluralismo y de la tolerancia racial y religiosa, todo lo cual tiene “buena prensa” en la región, y al mismo tiempo hacer aparecer a los fundamentalismos religiosos como intolerantes, agresivos, violentos. Hasta donde yo sé, ninguna de estas estrategias ha sido liderada por mujeres jóvenes. Los movimientos LGBT todavía son muy jerárquicos y sus líderes por lo general son varones gays profesionales, blancos, de mediana edad. A todas las demás personas – incluyendo a las mujeres jóvenes- les resulta muy difícil acceder a posiciones de liderazgo.

JV: ¿Cuáles son los factores que más debilitan las respuestas a los fundamentalismos religiosos?

AS: El tema principal que es imposible de resolver es que la atracción que ejercen los fundamentalismos religiosos tiene que ver, en esencia, con su capacidad de ofrecer identidad, certeza, definiciones y soluciones rápidas que además aparecen como incuestionables. Es imposible trabajar seriamente en sexualidad y ofrecer eso. Lo único que nosotras/os podemos ofrecer son incertezas, riesgos, posibilidades múltiples que a su vez incorporan todavía más niveles de complejidad – y esto se aplica a todo: cuerpos, identidades, prácticas, deseos. Lamentablemente este mensaje no le resulta atractivo a demasiada gente en el mundo de hoy. Por eso, la estrategia que se está usando ahora es adaptar nuestros mensajes y realidades para que encajen con esos parámetros “atractivos”: codificar y cerrar las identidades, privilegiar el matrimonio por encima de toda la variedad de configuraciones relacionales que se pueden encontrar dentro del acrónimo LGBT. Pero yo sigo pensando que responderle a los fundamentalismos religiosos utilizando sus mismos parámetros es perder la batalla. Tiene mucho más sentido posicionarnos como una opción radicalmente diferente, aunque esto aparezca –en primera instancia- como un obstáculo.

JV: ¿Cómo han influido las agendas fundamentalistas religiosas sobre las respuestas a las pandemias del VIH/SIDA y cuál ha sido su impacto sobre los derechos de las mujeres?

AS: Las iglesias de la región han condenado en forma unánime el uso de los preservativos como algo que lleva al derrumbe de la sexualidad, pero las sociedades latinoamericanas se caracterizan por su pragmatismo. Cuando se difundió la idea de que no utilizar preservativos podía resultar letal, la gente hizo oídos sordos a las condenas que se pronunciaban desde los púlpitos. Algunos países, como Brasil, han jugado un rol ejemplar en cuanto a su compromiso inclaudicable de luchar contra el VIH/SIDA sin prejuicios. Inclusive en México, con la derecha en el poder, no resulta fácil recortar los programas o restringir los derechos de las personas que viven con VIH/SIDA (en oposición a lo que está sucediendo con la salud reproductiva) debido al fuerte consenso social en cuanto a que proteger la vida y la salud está por encima de cualquier dogma. En algunos casos, la indiferencia de la iglesia frente a la gente afectada por la epidemia ha dañado su imagen, lo que siempre es bueno.

JV: ¿Existe alguna relación entre la ayuda internacional para el desarrollo y los fundamentalismos religiosos? Si existe, ¿qué impacto tiene sobre los derechos de las mujeres?

AS: Las manifestaciones más claras que se ven desde aquí son las condiciones que se imponen para acceder a los recursos que dona el gobierno de los EEUU, especialmente los del Fondo Global contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, por los que las organizaciones que los reciban deben prometer no trabajar con trabajadoras sexuales (salvo para “reformarlas” - una actitud que comparten la mayoría de los movimientos feministas de la región). La Regla de la Mordaza Global también es importante, pero quienes trabajan en derechos reproductivos pueden hablar mejor que yo de este tema. La actitud del gobierno brasileño es admirable: se negaron a recibir esos fondos, privilegiando su trabajo con los movimientos LGBT y de trabajadoras sexuales (algo a lo que, cabe señalar, se opusieron muchas feministas). Y, de nuevo, aparece el pragmatismo latinoamericano: muchas organizaciones (incluyendo a un grupo de trabajadoras sexuales) firmaron la promesa sin la menor intención de cumplirla, recibieron los fondos, siguieron haciendo el mismo trabajo que habían hecho siempre y – con la habilidad que nos caracteriza- disimular acerca de las actividades que se suponía no debían estar incluidas en su plan de trabajo.

JV: ¿Conoces alguna iniciativa particularmente innovadora o exitosa sobre fundamentalismos religiosos y derechos humanos de las mujeres?

AS: En Argentina, la más exitosa e innovadora es la Campaña por el Aborto Legal, Gratuito y Seguro, que reúne a varios movimientos, y que ha logrado generar una aceptación social sin precedentes para la idea de que por lo menos en ciertos casos (especialmente la violación), se debería despenalizar el aborto. Esta Campaña ha suscitado la ira de los/as fundamentalistas católicos/as y es el mejor ejemplo de una estrategia exitosa.

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